23/04/2014

Anécdotas sobre Shakespeare

Una de las anécdotas sobre Shakespeare más conocidas en nuestro país es la que, según cuenta, protagonizó Unamuno. Don Miguel estaba impartiendo una charla sobre el famoso dramaturgo inglés, pero cada vez que pronunciaba el nombre de William Shakespeare lo hacía leyéndolo tal como está escrito (Sha-kes-pe-a-re) en lugar del modo inglés (algo parecido a Shex-pier). Hubo quien le llamó la atención a Unamuno, que, molesto, decidió continuar toda la conferencia en inglés, con lo que la mayor parte de los asistentes no entendió gran cosa… Pero sobre la vida de Shakespeare hay mucho más que contar, incluso relacionado con su nombre, pues no está claro en realidad cómo se escribía. De hecho, William Shakespeare escribía su apellido hasta de seis formas distintas, y se han encontrado ¡83! formas correctas de escribirlo. Algunas de las más curiosas son “Shagspere” o “Shaxberd”.

Teniendo en cuenta que su familia era un tanto acomodada, tal como contábamos en el artículo que le dedicamos hace unas semanas, no se entiende muy bien que, en su juventud, Shakespeare fuera sorprendido robando en diversas ocasiones. En la década de 1580 parece que fue detenido por cazar furtivamente en la hacienda de un magistrado llamado Sir Thomas Lucy. También hubo un clérigo llamado Richard Davies que aseguró que William solía intentar robar carne de venado y conejo. Las malas lenguas quieren ver en el personaje del Juez Shallow de Las Alegres Comadres de Windsor y en Enrique VI (II Parte) una caricatura del magistrado Lucy.

Pasara lo que pasase en su juventud, lo cierto es que para 1597 Shakespeare ya era un hombre pudiente. Al parecer, gran parte de su fortuna la consiguió como suelen hacer buena parte de los ricos: no pagando impuestos. En el año indicado, Shakespeare aparecía como defraudador en la Nómina de Caudales del recaudador real. También se indica que debía 13 chelines y 4 peniques en un registro tributario de 1600 y se habló mucho de los pagos que adeudaba al Obispo de Winchester. A pesar de todo, y quizá porque en la jurisdicción del Obispo se encontraba la cárcel para morosos más famosa de Londres, registros posteriores indican que la deuda fue saldada.

Eso sí, era mal prestamista: si prestaba dinero, se aseguraba de cobrarlo, y tenía fama de ser bastante tacaño. El que sería su consuegro dijo en cierta ocasión: “Si haces negocios con él, haz todo lo posible para llevarle el dinero a casa”. Y es que Shakespeare era famoso por llevar a sus deudores a juicio.

Pero también era famoso por sus apetitos sexuales. Parece que tuvo al menos un hijo bastardo. Sería hijo de Jane, la esposa de John Davenant, el propietario de una taberna de Oxford en la que William Shakespeare se alojaba de camino a su hogar cuando regresaba desde Londres. Al parecer, Jane era muy hermosa y mantuvieron relaciones. El caso es que la mujer tuvo un hijo al que se llamó William Davenant. Shakespeare fue su padrino y con el paso del tiempo el niño se convirtió en un escritor muy respetado, empresario teatral y hasta poeta premiado en Inglaterra en 1637. Se cuenta que el muchacho estaba satisfecho de que todo el mundo pensara que era hijo de Shakespeare. Pero no acaban ahí las cuestiones sexuales relativas a Shakespeare. Se sabe que dedicó 26 sonetos amorosos de carácter erótico a una mujer casada a la que se conoce como la Dama Oscura; incluso se duda sobre su bisexualidad. Para apoyar esta idea, los investigadores se basan en 126 sonetos que escribió para un hombre llamado el Hermoso Joven, o el Hermoso Señor. La única edición de esos sonetos que se publicó en vida del autor está dedicada a “Mr. W. H.” Además, en su testamento dejó dinero a tres amigos suyos para que compraran unos anillos con los que conmemorar su estrecha relación.

Cuando murió, su lugar de nacimiento, que hoy visitan millones de personas, estuvo a punto de convertirse en un espectáculo circense. Un empresario, P.T. Barnum, solicitó la casita en la que había nacido William para exhibirla en su circo. Al parecer, el estado de conservación de la vivienda en 1850 era terrible (de hecho, una parte de ella se usaba como carnicería), e intentó comprar la propiedad a fin de enviarla por barco a América para exhibirla en su circo. Estuvo a punto de cerrar la compra, pero el Gobierno inglés intervino y acabó declarándola monumento nacional.

El mismo Shakespeare sabía que era muy probable que, como era costumbre en la época, los sepultureros desenterraran sus restos y los arrojaran a un osario. Para evitarlo, creó un epitafio que era una maldición: “¡Buen amigo, por Jesús, abstente de cavar el polvo aquí encerrado! Bendito sea el hombre que respete estas piedras y maldito el que remueva mis huesos”.

Hoy, día 23 de abril, fecha de su nacimiento y su muerte, no encontrábamos una forma mejor de celebrar el día del libro, que rendirle tributo contándoos alguna de las mil y una anécdotas sobre Shakespeare, probablemente el mayor genio literario de la historia.


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