19/02/2020

Cartografía literaria. La Atlántida, Lemuria y Mu

Cartografía literaria

Yuval Noah Harari, en su libro Sapiens: De animales a dioses, explica un factor diferencial para nuestra especie: el sapiens sobrevivió y superó a sus ancestros, los neandertales, gracias a la capacidad de crear imaginario, ficciones. Desde entonces, son muchos los puntos ciegos donde realidad y ficción se solapan. Bienvenidos a la cartografía literaria.

La Atlántida, Lemuria y Mu suelen encabezar la lista de regiones míticas que creemos alguna vez debieron habitar seres pensantes. Han pasado a formar parte de una particular cartografía fantasma que es también una cartografía literaria. Han inspirado decenas de investigaciones, obras literarias, fantasías y más de una expedición. Ahora apenas quedan como retazos del imaginario colectivo más romántico: son los pocos territorios del planeta que siguen encandilando a nuestra sociedad, más preocupada ahora por saber qué hay en las estrellas que por descubrir qué se esconde en los fondos submarinos.

La Atlántida: una historia de esoterismo

La Atlántida es una legendaria isla hundida en el hemisferio norte del océano Atlántico. Sus primeras descripciones fueron detalladas por Platón en los diálogos Timeo y Critias. Y muchos otros autores siguieron al autor clásico: Plinio el Viejo, Estrabón, Plutarco… Así, se forjó el nombre de este supuesto gran poder insular, situado junto a la entrada al estrecho de Gibraltar. Podemos leer la poderosa descripción que Platón hizo de la catástrofe que pudo asolarla: «Posteriormente, tras un violento terremoto y un diluvio extraordinario […]. Y la isla de Atlántida desapareció de la misma manera, hundiéndose en el mar. Por ello, aún ahora el océano es allí intransitable e inescrutable, porque lo impide la arcilla que produjo la isla asentada en ese lugar y que se encuentra a muy poca profundidad».

Los investigadores se han lanzado al océano en busca del hallazgo arqueológico que certifique su existencia. Buscaban esta isla, devastada y relegada al olvido por la naturaleza, para convertirla en otro caso como el de la Troya de la Ilíada. Esta ciudad fue considerada producto de la fantasía hasta que, en 1873, el arqueólogo Heinrich Schliemann alcanzó el Tesoro de Príamo.

Pero las hipótesis más imaginativas sobre la mitología de la Atlántida, Lemuria y Mu llegaron con los esotéricos, a finales del siglo XIX. Helena Blavatsky propuso la Atlántida como lugar en el que los espíritus se encarnan en seres humanos. Se popularizó la idea de que esta civilización asentó su dominación marítima y militar en la energía de un misterioso cristal que permitía volar a sus embarcaciones. A pesar de lo inconcebible que resultaba, Madame Blavatsky y su doctrina teosófica estuvo en boga entre muchos intelectuales: Rubén Darío menciona la Atlántida en su oda “A Roosevelt”, Juan Ramón Jiménez la recuerda en títulos como Lírica de una Atlántida, etc.

Lemuria: hermafroditas ovíparos de varios metros de altura

Mucho más tardía es la primera fecha en la que se menciona el continente de Lemuria en un texto. Lo haría el geólogo Philip Sclater, alrededor de 1864. Pretendía explicar la existencia de lémures o parientes cercanos, tanto en la India como en el sur de África. En su artículo ‘The Mammals of Madagascar’, enviado al The Quarterly Journal of Science, presentaba su teoría: un gran continente llamado Lemuria de cuyos restos solo quedaban Madagascar y las islas Mascareñas. Además de algunas otras islas que se unieron con África y otras que hicieron lo propio con Asia. Fue así como pasó a formar parte de los territorios más conocidos de la cartografía literaria.

La noción de «continentes móviles» surgió mucho antes de la tectónica de placas y la deriva continental. Y la existencia de Lemuria recibió, en su momento, el apoyo de una parte de la comunidad científica. El taxonomista darwiniano Ernst Haeckel sugirió que el desaparecido continente pudo haber sido cuna de la humanidad. La popularidad de Lemuria se disparó entonces. Defendió que, si entre el simio y el ser humano hubo una especie intermedia, debió habitar Lemuria.

Blavatsky, de nuevo, dio un renovado vuelo al concepto mitológico de Lemuria, al igual que hizo con otras regiones míticas de la cartografía literaria. Dijo de esta región que había sido poblada por una de las razas originales de la humanidad. Ellos eran unos seres hermafroditas ovíparos de entre tres y cuatro metros de altura media. Estas ideas fueron publicadas por el autor inglés William Scott-Elliot, en 1904: «Eran de gigantesca estatura (de 3,70 a 4,60 metros), piel de color amarillento muy oscuro, mandíbula inferior alargada, rostro chato, ojos pequeños y tan apartados uno de otro que lo mismo veían de frente que de costado, mientras que el tercer ojo, abierto en lo alto de la cabeza, donde, como es natural, no brotaba pelo, les permitía también ver en aquella dirección».

Mu: la vorágine de fuego y agua

Casi simultáneamente aparecieron las referencias a Mu. A veces se ha concebido como parte de Lemuria; a veces, como una región que debió convivir con la Atlántida. Y en ocasiones como ambas cosas a la vez dentro de la cartografía literaria más mítica.

Mu aparece, por primera vez, en las investigaciones del viajero francés Augustus Le Pongleon. En su libro La reina Moo y la esfinge egipcia de 1896, afirma estar traduciendo antiguos textos mayas. Lo hace gracias a sus conocimientos de los jeroglíficos egipcios y el alfabeto de Landa. Esta traducción supondría la base para lanzar una curiosa hipótesis: hubo una civilización aún más antigua que los griegos y los egipcios. Sin embargo, al igual que la Atlántida, esta cultura también sufriría la aniquilación absoluta. Con la salvedad de que sus supervivientes se convirtieron en los fundadores de la cultura maya. Esta teoría fue rápidamente descartada por exceso de fantasía.

Más verosimilitud tendría el aporte de un coronel del ejército británico destinado en la India. James Churchward encontraría la prueba definitiva de la supuesta existencia de Mu. En el país asiático entraría en contacto con un sumo sacerdote de un templo hindú. Este hombre poseía unas tablillas de barro olvidadas durante miles de años. Y en ellas, según cuenta Churchward en El continente perdido de Mu de 1926, se propone algo asombroso. La idea de un continente que extiende por todo el Pacífico pero que sufriría un fatal desenlace: «Aprendí que en este hermoso país había vivido un pueblo que había colonizado la tierra, y que esta tierra de abundancia había sido destruida por tremendos terremotos que la habían sumergido hacía 12.000 años, y la habían hecho desaparecer en una vorágine de fuego y agua».

Cartografía literaria: La verdad sobre la Atlántida, Lemuria y Mu

La tectónica de placas ha desmontado las hipótesis alrededor de la mitología de la Atlántida, Lemuria y Mu. Apenas quedan ya como algo real en las creencias de ocultistas y la New Age: sustentan sus suposiciones en recientes descubrimientos todavía por explicar, como las estructuras de Yonaguni.

Otros ejemplos sobre cómo se ha desmantelado la literatura alrededor de estas regiones rozan lo grotesco. Los últimos investigadores que han intentado utilizar el alfabeto de Landa de Le Plongeon, por ejemplo, han llegado a la conclusión de que el sistema era un invento. Sí debemos reconocer algo: es posible que formasen civilizaciones muy avanzadas y cuyos dominios se extendiesen por todo el planeta. No sería descabellado pensar que estas sociedades en algún momento existieron, en tiempos muy remotos. Pero el tiempo y la literatura se han encargado de convertirlas en mitos muy reconocibles. Y al igual que el sapiens, seguirán alumbrando textos que sirvan como cartografía literaria para revisitar estos lugares.

Antonio Vileya
Acerca del autor:

Antonio M. Vileya Pérez (Sevilla, 1992) es filólogo hispánico y presta servicios editoriales a entidades de diversa naturaleza. Su vocación divulgadora lo ha llevado a formar parte del comité organizador del Encuentro de Literatura Fantástica de Dos Hermanas y ser miembro activo de la asociación cultural Bibliofórum. Ha impartido cursos monográficos sobre fantasía, ciencia ficción, terror y novela negra en la Universidad de Sevilla.

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