26/12/2019

Cómo hacer las paces con tus manuscritos

La inseguridad es una constante habitual en todos los artistas, igual que lo es no sentirse totalmente satisfechos con los manuscritos. Quizás lo más frustrante de todo sea releer algo que en su momento nos gustó, o que disfrutamos mucho escribiendo para descubrir que ha dejado de parecernos bueno. A veces corregir un manuscrito puede ser muy amargo. Por eso hoy os hablamos de cómo hacer las paces con tus manuscritos.

¿Por qué deja de gustarnos algo que cuando acabamos de escribir nos parecía muy bueno? ¿Es normal?

Cómo hacer las paces con tus manuscritosSon preguntas habituales y es una preocupación totalmente normal. Releer un texto que en su día dimos por bueno para descubrir que ahora lo reescribiríamos entero es un trance muy desagradable. Más cuando es un trabajo reciente. No quedarse totalmente satisfecho con un manuscrito es normal, e incluso puede ser positivo porque nos ayuda a hacer correcciones en profundidad, alimenta nuestro espíritu crítico y nos reta a seguir mejorando. Pero es preocupante cuando esa sensación es tan constante que llega a desanimarnos. Cuando la insatisfacción se hace crónica deje de ser una herramienta de mejora para convertirse en un duro golpe a nuestra autoestima.

Hay autores que no se atreven a leer sus viejas obras por miedo a lo que van a encontrarse, no miran su trabajo con ojo crítico sino con un ansia casi autodestructiva. No es bueno encontrar perfecto todo lo que haces, la autocomplacencia es peligrosa para un creador. Del mismo modo que la auto critica puede ser muy contraproducente si la ejercemos de un modo destructivo. Es tan imposible que todo lo que hagamos sea excelente como que sea basura.

Alcanzar la objetividad con nuestro propio trabajo es una tarea muy ardua, pero es imprescindible para desarrollar cualquier actividad creativa.

¿Qué hacer cuando todo nuestro trabajo nos parece basura?

Esto puede ser indicio de problemas de autoestima que podrían ser muy serios y estar afectando a otras parcelas de nuestra vida, no solo a la creativa. Quizás no esté de mal consultar a un profesional de salud mental.

En el caso de que este problema se limite la escritura hay una serie de rutinas que podemos desarrollar para mitigar esa sensación de eterna insatisfacción ante nuestro trabajo.

  1. Trabaja con tiempo: muchas veces lo que hace no nos sintamos felices con lo hacemos son las prisas. Queremos participar en ese concurso para que el queda poco tiempo, una editorial ha abierto el plazo de entrega de manuscritos y no sabemos cuándo los volverán a abrir…Son cosas que nos hacen trabajar con prisa y corregir al vuelo. No entregues cualquier cosa solo por el mero de hecho de llegar a tiempo a un plazo. Habrá otros concursos, se volverán a abrir plazos de entrega. Es mucho más importante entregar algo de lo que nos sintamos orgullosos que entregar a cualquier precio. Si puedes evitarlo no trabajes con prisa.
  2. Los manuscritos nunca se acaban: Paul Valéry “Las obras no se acaban, se abandonan.” Hay que llegar a un punto en el que dejar de corregir, dejar de repasar y dar por acabado un trabajo. Aceptar que la perfección es un estado ideal que solo existe en nuestra cabeza y dar por bueno el esfuerzo que hemos hecho. Hay que saber “clausurar” los proyectos. Terminar no puede dejarnos con la sensación de que “podríamos hacer más” o “podríamos haberlo hecho mejor”. Terminar significa que has dado lo mejor de ti mismo. Es el momento de dejar que los demás disfruten de tu trabajo y empezar a ilusionarse con una nueva idea.
  3. Descansa: Las cabezas creativas siempre están en marcha, eso es algo que sabemos muy bien. Pero hay que saber desconectar y darnos un respiro. Ese tiempo fuera del proyecto nos dará la oportunidad de poner las cosas en perspectiva. Obsesionarse nunca es una buena idea.
  4. No te flageles: Encontrarás fallos en tus manuscritos. Siempre hay algo que se escapa, a ti, al corrector y al editor. Somos humanos. Le ocurre a todo el mundo, aprende a quitarle importancia a estos detalles, que a veces son minucias que nosotros sobredimensionamos. Si es un fallo más importante toma nota para no repetirlo, pero no te agobies.
  5. No glorifiques el sufrimiento: Si no eres feliz con un proyecto y puedes desecharlo, date ese lujo. Descartar ideas puede ser un gustazo. Sí sientes que esa idea que ayer te parecía buena, hoy no te lleva a ninguna parte, déjala correr. Quizás no es su momento. No escribas a disgusto. Hay una idea romántica que hace pensar que si un manuscrito no nos hace sudar, no es un buena obra. Todos los textos te darán algún momento complicado, pero si llegas al punto de no encontrar ninguna satisfacción con lo que estás haciendo, es la señal de que ha llegado el momento de dejarlo.

Y para terminar la frase Mr Wonderful, es necesario tener un poco de fe en uno mismo. Ser realistas con nuestras aspiraciones y disfrutar del presente. El mero hecho de escribir, sin importar si lo hacemos es una obra maestra o solo la leerán nuestros padres, ya es un motivo para disfrutar. Es lógico querer llegar al máximo público posible, pero no debería ser nuestra única meta porque a veces el algo que ni siquiera depende de nosotros. No tenemos el control sobre cuánta gente nos va a leer, ni sobre el feedback que recibiremos. Pero si lo tenemos mientras escribimos y hacemos crecer una historia. Disfruta de ese proceso, es la mejor parte del trabajo.

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Acerca del autor:

Concepción Perea Gómez es licenciada en humanidades y tiene un máster en creación literaria. Es escritora, lleva cinco años impartiendo clases de narrativa y forma parte de la organización del Encuentro de Literatura Fantástica de Dos Hermanas. Es la autora de "La corte de los Espejos" (Fantascy, 2013), "El misterio de la Caja Bethel" (Fantascy 2014) y "La última primavera" (Runas, Alianza Editorial 2017).

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