27/11/2019

Ecoterror: El terror que surge de la naturaleza

ecoterror

El camino que explica cómo aquellas aventuras en la naturaleza acaban germinando en el ecoterror no es sencillo. Teorías como la del Big Bang o los agujeros negros se confirmaban con los descubrimientos aportados por los nuevos telescopios. De repente, nos encontramos con una nueva verdad: no éramos los hijos privilegiados de Dios, sino simples inquilinos de un espacio inconmensurable. Todo ello le dio un nuevo sentido al concepto de lo sublime que había venido flotando por Europa hasta entonces. Longino, Kant, Burke… Comenzamos a creer en “trascender nuestra materialidad” para alcanzar emociones que nos hagan sentir la inmensidad de la existencia. Quizás sea este hecho el que convertirá a la ciencia ficción en el género más influyente de del siglo XX. Y, además, por derecho propio, hará su contribución en todas las ramas de la estética. En moda, arquitectura, filosofía, política, sociología, cine, diseño, etc.

EcoterrorEn los últimos años, la ciencia ficción ha dejado una huella mayor y más variada que cualquier otro género narrativo. De hecho, podríamos decir que es el género de nuestro tiempo. El que solo podía darse en él y en cuyo fundamento late el nuevo concepto de ser humano y de universo. Teniendo en cuenta este contexto, no es extraño que florezca junto a los desvelos producidos por el cambio climático. Ecologismo, futuros “verdes” y preocupación medioambiental; greenpunk, biopunk, ecothrillers. Y, por supuesto, el terror natural o ecoterror.

Tentativas: la belleza y el orden están en el medio natural

Una de las anécdotas históricas más curiosas que combinan ciencia ficción y naturaleza podemos agradecérsela a Miguel de Unamuno. En su cuento ‘Mecanópolis’, el autor visita una extraña ciudad dominada por las máquinas. Sin embargo, después de algunas experiencias desagradables, Unamuno tendrá una idea terrible: “la de que las máquinas aquellas tuviesen su alma, un alma mecánica, y que eran las máquinas mismas las que me compadecían”. Unamuno creía encontrarse ante la raza que ha de dominar la tierra deshumanizada. Y frente a esta raza, reivindico el entorno natural como una única fórmula de salvación. Fue esta “distopía” la que supuso una de las pocas concesionas del autor de Niebla hacia las narrativas fantástica.

Desde ese relato, son múltiples y muy variadas las obras que han tendiendo puentes entre la ciencia ficción y todo aquello que concierne al medio natural. En este fantástico artículo de Gisela Baños podéis encontrar un buen desglose. Sin embargo, muchos otros autores han reivindicado el medio natural apartándose de los convencionalismos del género. Así, han llegado al mercado editorial de habla hispana obras de todo tipo. Algunas son muy líricas, como Tainaron, de la finlandesa Leena Krohn. Otras muy vinculadas a actividades tradicionales como Historia de las abejas, de la noruega Maja Lunde. A veces, incluso podemos encontrar surrealismo, como en La coronación de las plantas. Esta novela green y muy psicotrópica de Diego S. Lombardi hará salivar a los amantes de “lo extraño”.

Sin embargo, desde principios de siglo XX, los escenarios naturales han toma una deriva diferente: explorar los miedos. No es extraño pensar eso, teniendo en cuenta dos obras. En literatura, podemos tomar como referencia El terror de Arthur Machen, publicada en 1917. Mientras tanto, en el cine, Godzilla, a mediados de los 50, establecería un punto de inflexión a la hora de consolidar en nuestro imaginario social el elemento que distingue el ecoterror de las narraciones que hemos visto hasta ahora: la venganza.

El terror natural o ecoterror

En España, también podemos comprobar que hay cierta tendencia a desarrollar las venganzas naturales en marcos próximos al terror. El terror natural o ecoterror ha sufrido el desdén de la crítica debido a que aborda elementos sobrenaturales. Y, definitivamente, tampoco ha ayudado que utilice la naturaleza como entidad monstruosa. Este factor entra en conflicto con el deseo de la ecocrítica de reconciliar al ser humano con la naturaleza. De esto habló el profesor Miguel Carrera Garrido en las jornadas sobre las figuraciones de lo insólito en la Universidad de León.

Carrera, antes de abordar las obras que vienen a continuación, explicó dónde debemos trazar la línea que separa dos géneros: ecoficción y terror natural o ecoterror. Mientras la ecoficción es una ficción con orientación ecológica hacia la naturaleza (ambientes, el ser humano, impactos en el ecosistema…), el terror natural o ecoterror es el terror que trata sobre nuestras ansiedades y miedos en relación con el medio ambiente. Podríamos hablar, también, de una tercera vía que estaría relacionada con el psicoanálisis. Cualquiera que haya visto Los pájaros de Alfred Hitchcock sabrá a qué me refiero.

¿Y qué hay de España? Se dio la coincidencia en 2011 de que Ismael Martínez Biurrun y Emilio Bueso publicaron obras referentes a un ecocidio. Estas son El escondite de Grisha y Diástole. Además de aparecer con la misma editorial (Salto de Página), ambas novelas comparten un mismo escenario: Chernóbil. Sin embargo, es mucho más interesante ahondar en otras dos obras: una novela de Bueso, Esta noche arderá el cielo, y el relato ‘Coronación’ de Biurrun, incluido en Invasiones.

El ecoterror en España: Esta noche arderá el cielo y Coronación

En Esta noche arderá el cielo vamos a encontrar una novela en la que la naturaleza se abre paso y pone las cosas en su sitio. Mac, motero redomado, se fuga con un amor de la juventud a través de la Trans-Taiga. El escenario, esta taiga, es presentado como una extensión inabarcable. Y se va metamorfoseando en un espacio donde el ser humano no es bienvenido. Todo adquirirá un sentido bestial cuando se revela la naturaleza de la “merca” de los contrabandistas con los que se topan. Y, sobre todo, el medio natural jugará un papel fundamental en el desenlace cuando salga el sol.

En ‘Coronación’ de Ismael Martínez Biurrun lo que vamos a encontrar es una plaga de langostas. Esta plaga contiene una simbología bíblica que claramente nos conduce hasta el apocalipsis. San Juan, en la Biblia, ya advertía de que esta plaga no perjudicará a la cosecha sino al hombre. Y es precisamente lo que ocurre en el relato de Biurrun. El elemento del juicio o venganza no está introducido de forma tan abierta como en la novela de Bueso. Pero también se puede percibir de forma notable la voluntad y autonomía con la que funciona la naturaleza. Una naturaleza que nos acosa, nos trata como intrusos y solo quiere restablecer el orden natural. Para aquellas personas interesadas en estos autores, enlazamos el artículo de Miguel Carrera donde se habla del ecopesimismo en Bueso y Biurrun.

La relación entre el ecoterror, la distopía y la utopía

Podemos concluir, de ambas obras, que el conflicto entre el pesimismo existencial y el optimismo natural está muy presente. Y es lógico, teniendo en cuenta que la ciencia ficción, en su vertiente más “natural”, ha solido colocarse bajo la distopía, que se concibe también como una antiutopía.

Creíamos que los recursos no se agotarían, pero es mentira. El clima cambia rápidamente. La tasa de extinción de especies alcanza niveles sin precedentes. Necesitamos desesperadamente concebir formas alternativas de habitar el planeta. Y en ese contexto, el miedo juega un papel fundamental, que nos hace preguntarnos algo muy incómodo: ¿son nuestras sociedades industriales y capitalistas capaces de producir los cambios necesarios para seguir adelante con nuestra civilización?

Esa es una pregunta utópica y distópica, pero también terrorífica. Es profunda y universalista. El pensador alemán, Ernst Bloch, argumentaba que todas las utopías expresan el anhelo de algo muy necesario: una reconciliación con una idea de la que nos hemos alejado. Las utopías nos dicen cómo volver a casa. Una utopía de la naturaleza del siglo XXI hace eso. Nos recuerda que pertenecemos a la naturaleza. Nos recuerda que dependemos de ella. Y que una mayor perturbación en su normal funcionamiento supondrá un peligro para nuestra propia supervivencia. Y en esa grieta es donde crece el terror natural o ecoterror. Justo a tiempo para recordarnos que somos apenas piojos para el planeta.

Antonio Vileya
Acerca del autor:

Antonio M. Vileya Pérez (Sevilla, 1992) es filólogo hispánico y presta servicios editoriales a entidades de diversa naturaleza. Su vocación divulgadora lo ha llevado a formar parte del comité organizador del Encuentro de Literatura Fantástica de Dos Hermanas y ser miembro activo de la asociación cultural Bibliofórum. Ha impartido cursos monográficos sobre fantasía, ciencia ficción, terror y novela negra en la Universidad de Sevilla.

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