Borja Alonso

El pie de página como recurso humorístico

Disección Literaria

¡Saludos, devoradores de publicaciones encuadernadas! Como buen fan de Terry Pratchett que soy, ya tardaba en tratar una de las señas de identidad de Mundodisco. Hoy vamos a hablar del pie de página como recurso humorístico.

¿Por qué funciona el pie de página como recurso humorístico?

Un pie de página saca al lector de la narración de forma literal y metafórica, lo cual nos da cierta licencia para romper el pacto de tono y estilo que hemos acordado con él. Por supuesto, esto no nos otorga carta blanca para hacer cualquier barbaridad. De hecho, entraña una serie de peligros de los que hablaremos al final del artículo. De momento, vamos a ver unos cuantos ejemplos del uso que le podemos dar a esta fantástica herramienta.

Permite cambiar el registro

Y cuando hablo de cambiar el registro, en realidad me refiero a que, dentro de un pie de página, podemos modificar la narrativa como nos venga en gana.

Yo, por ejemplo, a veces introduzco recetas de cocina. También modifico el narrador, cambiando el pasado omnisciente por el presente. En el primer caso, la coña funciona porque genera sorpresa y expectación. El lector no se espera encontrar en medio de una novela de ladrones idiotas la receta detallada de un cóctel a base de polvo de hada (delicioso y funcional, por cierto).

El asunto es que, una vez hemos logrado sorprender por primera vez, cada pie de página se convierte en la promesa de algo gracioso o ingenioso. Hemos generado una expectación que predispone al lector al disfrute y la tontuna.

En el segundo ejemplo que he puesto, el de cambiar el narrador al presente, lo hago para dar la sensación de que las locuras que se cuentan en cada pie de página son reales y están ocurriendo de verdad. Ejemplos como estos son pequeñas pruebas de que podemos forzar los límites de las bromas, ocurrencias y chistes a nuestro antojo; límites que, en circunstancias normales, sacarían al lector de la lectura y serían considerados errores garrafales.

El pie de página como recurso humorístico: la narrativa paralela

Si nos apetece, también podemos crear un micromundo dentro de la historia. Por ejemplo, hablando de forma episódica sobre personajes que jamás aparecerán en el libro e ir viendo cómo su subtrama avanza a fuerza de pies de página relacionados con la narración.

Esto lo hacemos para crear el mismo efecto que tendría un chiste recurrente, lo cual siempre es de agradecer. De nuevo, esta herramienta funciona por la expectativa generada y la sensación de recompensa. No es un recurso que use mucho, pero lo he visto en varios libros y tiene su gracia.

Nos sirve para dirigirnos al lector

Me estoy refiriendo a convertir al narrador en lo que se conoce comúnmente como «narrador entrometido».

—El narrador entrometido es aquel que opina o explica sobre algo que no debería.

De nuevo, el pie de página nos permite romper las reglas y transformar un vicio en una virtud. Quizá lo que queramos sea hacer cómplice al lector. Pero, mucho ojo, que podemos llevar este punto aún más allá.

El pie de página como recurso humorístico: introducir al autor en la obra

Suena un poco loco, pero he visto pies de página que son el autor dedicándose a bromear o tutear a sus lectores.

Podemos crear una especie de metaficción que dé pie no solo al chiste, sino a fingir que la historia escrita ha ocurrido. ¡Incluso he visto casos en los que esta broma ha propiciado un giro en la trama! Si no queréis ser tan intrusivos, lo que recomiendo es crear un personaje que ejerza esta función; por ejemplo, que toda la novela esté escrita por un historiador loco que sea el que «añada» dichos pies de página.

La contradicción

Esto se da cuando un pie de página pone en duda o matiza algo que acaba de ocurrir en la historia. Funciona porque generamos una disonancia hilarante, incluso si no utilizamos un tono jocoso o chistoso.

El pie de página como recurso humorístico: ¡las referencias!

Si no hemos establecido de antemano que la ruptura de la cuarta pared será una característica inherente de nuestra historia, que el narrador (o un personaje) compare al monje que acababa de aparecer con, por ejemplo, Sean Connery en El nombre de la rosa, lo sacará totalmente de la lectura.

De nuevo, el pie de página nos permite distanciarnos y romper las reglas sin que nadie se escame. Podemos ser muy creativos y referenciar elementos del mundo real y otras obras de ficción. Esto está muy de moda, así que ojito con pasarse.

La broma

¡Casi se me olvida! Un pie de página puede ser chistoso y ya. Bien porque hemos introducido una frase ingeniosa, broma recurrente o un comentario jocoso. En este punto no voy a explayarme, pues la idea es aplicar todas las posibles herramientas que existen sobre la comedia a una serie de pedacitos de nuestras historias.

El pie de página como recurso humorístico: advertencias

Si bien he usado el pie de página como recurso humorístico infinidad de veces, también debo advertir que no es la panacea. De hecho, y como todo en el humor, entraña grandes peligros y puede arruinar una historia.

Es muy fácil caer en el vicio de inundar una novela con chorricientos pies de página. Y ya no os digo lo que puede pasar si nos creemos más graciosos de lo que somos.

Un mal pie de página es capaz de romper el ritmo o despistar al lector, de forma que se pierda una pista o pellizco de información. También tenemos que tener siempre en consideración que hay lectores que pasan por encima de los pies de página, o directamente no los leen. Así pues, jamás hay que dar información relevante sobre la trama o el desarrollo de los personajes en un pie de página, por muy ingenioso que sea.

Otra pifia de la que me di cuenta es que esta herramienta tan chistosa jamás debe aparecer durante un clímax. Sobra el 99 % de las veces. Y lo mismo digo respecto a clavar un chistecito en medio, o justo después, de una escena potente y dramática. (Sí, Marvel, te estoy mirando a ti).

¡Y con esto acabamos por hoy! La verdad es que este tema es un campo en el que aún queda mucho margen de exploración. Si te ha gustado el artículo, no olvides visitar la anterior entrada: «Cómo escribir buenos diálogos».

¡Nos vemos pronto! Hasta entonces, nos leemos.

Borja Alonso

Borja Alonso Alonso (Remolinos, Zaragoza, 1989) se define como el auténtico fracaso renacentista. Químico, nutricionista, polifriki, cocinero y funcionario. En sus ratos libres escribe en Caja De Letras y Relatosymentiras, y a veces, la gente le lee. Primer premio en Diversidad Literaria (Antología de primavera, 2018), Librería París (Navidad, 2019) y FreakCon de Málaga (Relatos de fantasía, 2020). Autor en las antologías ShowYourRare y #OrgulloZombi. En Julio del 2020 publicó su primera novela corta, «Grumo y Mosquito».

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