04/02/2020

Escribir microrrelatos y no morir en el intento

Escribir microrrelatos

¡Ah!, los microrrelatos. Historias sublimadas. El máximo contenido en el mínimo continente. Un montón de letras repretadas. Complot essence (no busquéis esta expresión. No existe). En anteriores episodios de Caja de LetrasPablo Terol nos enseñaba a escribir el relato perfecto. Hoy, un servidor pretende marcarse un concentrado literario al explicar cómo escribir microrrelatos y no morir en el intento. Aunque lo cierto es que lo que de verdad me interesa no es el tanto el cómo, si no el por qué.

Escribir microrrelatos
¡Textos chiquiticos!

¿Cómo escribir microrrelatos?

Según mi experiencia, lo mas importante es la precisión del lenguaje y el uso que se hace de la elipsis. Eso del inicio-nudo-desenlace es para cobardes. Normalmente, se nos impone una extensión tan ridícula que estamos obligados a amputar toda palabra irrelevante; incluso a usar estilos extraños para así ganarle unas palabras al texto. Si ya es difícil contar algo en menos de cinco líneas, encima tenemos que entretener y sorprender al lector. Pero, ¿estamos locos?

  • Rasgos discursivos: Hiperbrevedad, concisión. Todo bueno.
  • Formales: Estructura simple, personajes mínimos, condensación temporal. No te líes.
  • Temáticos: Intertextualidad, metaficción. Con los microrrelatos la gente se suele poner muy estupenda.
  • Pragmáticos: Necesitamos un lector activo.
  • Rasgos finales: Entretener y sorprender. Obvio.

¿Por qué deberías escribir microrrelatos?

Practicándolos, entrenarás tu habilidad para sorprender al lector. Me explico: una micro historia no siempre debe terminar con un bombazo cataclísimico, pero jamás podemos causar indiferencia. Los mejores microrrelatos que he leído siempre me han sorprendido con doble giro final que le ha dado un nuevo matiz a todo lo leído justo antes. Y eso en cuatro cochinas líneas. Además, (ojito a esto), a pesar de haberme intentado adelantar al autor. Otras veces lo que pretendemos es provocar una reflexión en el lector.

Revisar es amputar: En un micro hay que depurar el texto al máximo, desechar lo superfluo y comprimir la historia. Practicándolos, ganaremos soltura a la hora podar nuestros ladrillos.

El truco del mago: Pocos microrrelatos buenos leeréis que no tengan un plow twist que te deje el culo torcido. Diseñar estas micro historias se siente como si fuéramos a ejecutar el prestigio final de un mago o el remate de un chiste.

El disparador: El escritor vive de chispazos que pueden, o no, germinar en algo superior. No es descabellado soñar con que de una idea idiota o de una pregunta sin respuesta nazca un mamotreto de 1000 páginas que te catapulte al estrellato (Vale, sí es descabellado). Si trabajamos los microrrelatos, puede que nunca demos el campanazo con ninguno de ellos, pero con el tiempo se nos llenará el baúl de ideas. Siendo realistas, la mayoría de ellas caerán en el olvido, pero creo que una idea genial vale más que un millón de mediocres.

Espera que aún hay más…

Salir de tu zona de confort: Escribir sobre tu tema fetiche da gustico, ¿verdad? Pues se ve que un escritor encasillado está muerto. A ver, creo que esta afirmación es algo fatalista. Entiendo que a lo que se refiere es a la necesidad de tomar ideas de otras fuentes, aprender herramientas nuevas y tontear con géneros diferentes. Visto así, los microrrelatos te ofrecen un campo de pruebas rápido y sencillo para experimentar.

La golosina: La vida del autor puede ser un camino solitario a través de un yermo donde en el horizonte solo se aprecia la nada. Desolador. Aquí viene viene la sorpresa: es jodidamente fácil que te publiquen un microrrelato. Esa sensación de pequeño triunfo puede ser muy satisfactoria cuando uno no hace más que  estamparse contra un borrador eterno. Es un poco el consuelo de los tontos, lo sé, pero a veces una palmadita en la espalda es balsámica. Y necesaria.

¡Cuidado!
Advertencia para consumidores

¡Achtung!

Acabo de decir que es muy fácil que te publiquen un microrrelato. Básicamente, si tu texto no tiene faltas, se ajusta a las bases del concurso y tiene un mínimo de coherencia, casi seguro que lo acaban incluyendo en la antología. ¿Y eso es malo? Sí, lo es. Muchas editoriales juegan con el ego y la ilusión de sus participantes, que en cuanto sienten que alguien les ofrece unas migajas de atención, les entra el calentón y acaban comprando una antología plagada de textos malos. ¿Esto ilegal o amoral? Nah, pero hay que tenerlo en cuenta. Por ejemplo, los concursos a los que yo me presentaba tenían unos 500-1000 participantes de los que se seleccionaban 200-400, nominaban 10 y ganaba uno. Era muy factible que aparecieras en la antología, pero terriblemente difícil ser el ganador.

Y la última parte de la entrada esta íntimamente relacionado con esto que acabo de decir.

Ejemplo sabrosón N1: Máximo Hiato

Este personajillo nació como el protagonista de un microrrelato humorístico. Como era de esperar, me comí un mojón, pero a los meses recuperé el texto para escribir un ejercicio en el curso de literatura fantástica. Gracias a esa revisión el relato creció y acabó siendo presentado a una convocatoria de Zenda Aventuras. ¿Adivináis que pasó? Pues sí, me comí otro mojón. Pero no me lo tomé a mal, subí el relato a la web y convertí el personaje en un secundario recurrente de mi campaña de rol de Pathfinder. Un microrrelato bien aprovechado, podría decirse.

Espacio publicitario: Para el que quiera leerlo, esta aquí subido.

Ejemplo sabrosón N2: El mundo ha llegado a su fin

Durante el 2018 participé en un montón de concursos de microrrelatos. La mayoría ni fú, ni fá, pero entonces llegó la antología de primavera.

Escribí el relato del tirón y lo envié a morir sin ninguna esperanza. Para mi sorpresa, no fui seleccionado, si no que salí ganador. ¿El premio? Un montón de libros malísimos, unas cuantas copias de la antología, y tras una entrevista, un contrato editorial que haré efectivo este año. Vamos, que le saqué una rentabilidad increíble a aquellas siete líneas.

Microrrelato ganados
Adjunto foto para que veáis que no es un invent.

 

Y con esto acabo la entrada del mes. Espero que la idea principal haya quedado clara, y es que no creo que escribir microrrelatos sea interesante por la posibilidad de que ganéis algo con ellos, si no por que son una herramienta muy útil, sobretodo cuando pasamos una mala época creativa o estamos empezando en este mundillo. Además, ¡que carajo!, es muy difícil escribir cien cuentos seguidos malos. Alguno os saldrá bueno, os lo digo yo.

Nos leemos.

Borja. 

Borja Alonso
Acerca del autor:

Borja Alonso (Remolinos, Zaragoza, 1989, eclipse de sol) se define como el auténtico fracaso renacentista: químico, nutricionista, polifriki y cocinero; todo regulero y nada bien. En sus ratos libres escribe en Cajadeletras y Relatosymentiras, y a veces, la gente le lee. Primer premio (relatos) en Diversidadliteraria (Antología de primavera, 2018) y Librería París (Navidad, 2019). Ejerció de Community Manager de Magic: The Gathering y se supone que en el 2020 saca dos librillos. A saber.

info@cajadeletras.es