Borja Alonso

La saga de los huesos verdes

Disección Literaria

El 2022 me regaló varios descubrimientos literarios. Uno de ellos fue la saga de los huesos verdes; Ciudad de Jade, Guerra de Jade y la futurible Legado de Jade (¡Insólita, haz que ocurra!). Su creadora, Fonda Lee, se ha convertido en una de esas autoras a las que, a partir de este momento, les voy a comprar hasta la lista de la compra. Llegados a este punto, lo fácil sería empezar a fangirlear a lo loco, pero estamos en el blog de una academia de juntaletras así que, en su lugar, nos planteamos la siguiente pregunta: ¿por qué son tan interesantes estas novelas? Y más importante aún: ¿qué podemos aprender de ellas?

Pero antes, una reseña: la saga de los huesos verdes

Magos kung-fú, mafiosos con estilo, dramas familiares; le metes un volquete de tacos, diálogos ingeniosos y música viejuna, y ya tienes media película de Tarantino (volveremos con este director más tarde). Situado en una ucronía no tan alejada de nuestra realidad, Kekon monopoliza la extracción de un mineral que otorga poderes sobrehumanos: el jade. Este material es el alma de la isla y columna vertebral de su sociedad. Los kekones matan y viven por él. Deseado. Amado. Sagrado. Tras la irrupción en el mercado internacional de una droga, el SN1, que permite a los extranjeros portar y usar el jade, las dos grandes familias mafiosas que controlan el país, los Sin Cumbre y Montaña, están a punto de transformar las calles en un campo de batalla.

Una cuestión de honor

Honor m. Cualidad moral que lleva al cumplimiento de los propios deberes respecto del prójimo y de uno mismo.

Para mí, el honor del que hacen gala los huesos verdes (guerreros entrenados para usar el jade), el llamado aisho, es uno de los mayores aciertos de la novela. Pero, ojo. Es su honor. El aisho lleva a los personajes a tomar decisiones y establecer una escala de prioridades que chocarán al lector. Los empuja a tomar decisiones que, en otro contexto, serían ilógicas. Incluso absurdas. Si un huesos verdes muere en combate, será enterrado con su jade, a pesar de que vale una maldita fortuna y podría ser recuperado por su familia.

Es más, si dicho huesos verdes pierde un duelo a espada o cuchillo (porque esta gente resuelve casi todo a hostia limpia), su rival reclamará parte de su jade. Parte, pues tomarlo todo sería deshonroso de cara a un oponente que sigue el aisho. Tras el combate no sería descabellado que dicho derrotado solicitara jade de las arcas familiares para reponer su pérdida. Al fin y al cabo, la disminución de sus poderes lo debilita y, por lo tanto, también merma la fuerza de su familia. Tendría sentido, ¿no? Pues un huesos verdes jamás cometería tal bajeza. Portar un jade que no ha conseguido en combate sería deshonroso, así que intentará por todos los medios recuperarlo mediante la garra o la espada. El aisho motiva a los personajes a seguir otros caminos. Violentos y algo temerarios, en su mayoría.

La lógica interna en la saga de los huesos verdes

¿En qué beneficia que los personajes sigan una lógica interna extraña? En el caso de la saga de los huesos verdes, permite resolver los conflictos de maneras poco ortodoxas. Nos sorprende. También rompe los estándares ultra trillados de acción-reacción y aporta frescura a la narrativa, así como le da un toque distintivo a las novelas. ¿Y cómo hace Fonda Lee para que el lector acepte esta nueva lógica interna? Para ello, recurre a varias herramientas que están muy presentes en el primer tomo, Ciudad de Jade:

●     La novela arranca desde el punto de vista de un personaje que desprecia el aisho (un ladrón de jade) y enseguida lo cruza con otros que lo siguen a rajatabla (unos guerreros huesos verdes) generando contraste entre sus formas de vivir y pensar… Y regalándonos una pelea guapísima.

●     Pone en boca de los protagonistas los juramentos de honor. Verbaliza las bases del código de forma ritual, durante celebraciones y momentos ominosos, de forma que no parezca que le está hablando al lector. (¿Cómo evitar el infodumping?)

●     Muestra de forma recurrente a guerreros huesos verdes interaccionando, y jugándose la vida, por sus subordinados y protegidos civiles (los llamados «linternas»). El pueblo llano también comparte su honor.

●     A lo largo de las novelas, los no kekoneses expresan reiteradamente el brutal choque cultural que supone este modo de vida basado en el jade, el honor y la violencia, produciéndose el siguiente efecto: en realidad, dichos personajes están verbalizando la misma extrañeza que siente el lector.

En definitiva: a base de mostrar (que no contar) este rígido y brutal honor, se hace presente y el lector lo acaba interiorizando. A lo que te das cuenta te has vuelto un poco más verde.

Por un puñado de jade

¡El clan es mi sangre, y el pedestal, su señor!

Un solo mineral dota del elemento fantástico a toda la saga. El jade es capaz de otorgar poderes bastante autoexplicativos Fuerza, Ligereza, Desviación, Percepción y Canalización (a grosso modo, este último sirve tanto para sanar como para dañar órganos). Los huesos verdes necesitan un duro entrenamiento para usarlo correctamente (o recurrir a una droga, el SN1) y no pueden portar jade de forma ilimitada. Tiene un precio.

Si bien Fonda Lee se esfuerza en crear un rico mapamundi con diversas facciones, continentes, etc. la novela funcionaría casi igual de bien si cogiéramos el mundo actual y le insertáramos el jade. ¿Qué lección podemos extraer de esto? Lo primero, que no hace falta decantarse por sistemas de magia «puros» duros o blandos. La magia del jade es cercana a lo que propone Brandon Sanderson, pero tampoco se llega a desvelar su origen o explica en detalle. Más bien, la intuimos conforme la usan los personajes. A veces, menos es más y como estos libros nos demuestran, una sola buena idea (el jade) puede sostener el elemento fantástico de una novela. Incluso, de toda una saga.

Más que huesos verdes, grises de cojones

“¿Has terminado ya?, porque me importa una mierda lo que sepas o no sepas… te voy a torturar de todos modos.”

Digamos un par de cosas de los personajes de la saga de los huesos verdes: están cojonudamente bien escritos y son (en su mayoría) personas terribles. Asesinan, mutilan, extorsionan; orgullosos hasta niveles absurdos, aman su familia y protegen a los nombrados linternas con fiereza. En definitiva, se las dan de que son muy verdes, pero en realidad son grises de cojones. Fonda Lee se esfuerza para que empatices con ellos. Sufres con sus guerras, miserias (porque las pasan canutas), sus fracasos. Entendemos sus motivaciones hasta que, de pronto, ese personaje que tanto amas hace algo horrible. HORRIBLE. Entonces, levantas la vista del libro y dices: «Joder…». Volviendo con Tarantino, en Reservoir Dogs el Señor Rubio nos cae bien… hasta que llega la escena de la tortura.

¿De qué sirve «golpear» al lector?

“Puede ser tentador para los autores escribir los personajes de una manera que creen que va a gustar al público. Yo no pienso en lo que a mis lectores les gustaría o no les gustaría de ellos. En cambio, hago todo lo posible por conocerlos en profundidad y escribirlos con autenticidad para mostrar cómo pensarían y actuarían dadas sus creencias.”

Para recordarnos que, aunque amemos a los Sin Cumbre, no son buenas personas: son guerreros huesos verdes, mafiosos hasta la médula, con sus cosas buenas y malas; maravillosas virtudes y horribles defectos. En definitiva: son realistas, que es el mayor halago que se le puede hacer a unos personajes de ficción. ¿Y de qué artimañas se vale Fonda Lee para que nos pongamos del lado de un hatajo de criminales?

  1. Golpeándolos una y otra vez. Les ata la soga al cuello, los castiga con crueldad. Les pone mil y un palos en las ruedas. De esta manera empatizamos tanto con ellos que acabamos justificando (parcialmente) sus actos. Nos hemos vuelto cómplices.

  2. Demoniza a sus rivales. Si bien los antagonistas tienen motivos de sobra para hacer lo que hacen, hay que reconocer que a veces se pasan de frenada. Esto permite que desarrollemos cierta aversión hacia ellos y hagamos la vista gorda cuando lleguen las represalias.

  3. Mediante el resumen y el eufemismo. Durante las novelas se narran y resumen una serie de batallas, ataques y órdenes. Se dice que «el barrio fue recuperado con honor» o «se tomaron las represalias debidas» pero nunca se muestra con cruento detalle en qué consisten exactamente esas «recuperaciones» o «represalias». Nosotros lo sabemos perfectamente, pero no queremos ver la realidad. Esta “vaguedad” es premeditada y se da hasta el momento en que a Fonda Lee le interesa. Entonces, nos pone en la piel de un personaje y no le tiembla el pulso a la hora de mostrarnos a través de sus ojos cómo toma una decisión difícil. Se acabaron los resúmenes y eufemismos. Ahí es cuando nos parte el corazón. Nos hace sentir incómodos. Y nos encanta.

Conclusiones finales sobre la saga de los huesos verdes

Para mí, estas novelas son un ejemplo de a qué debo aspirar como juntaletras. Atesoran personajes redondos y grises, sus cientos de páginas se beben como agua en verano y, por lo que las medias en todas webs especializadas aseguran, cada tomo es mejor que el anterior. Es justo lo que he dicho al principio del artículo: a Fonda Lee le voy a comprar hasta la lista de la compra.

Borja Alonso

Borja Alonso Alonso (Remolinos, Zaragoza, 1989) se define como el auténtico fracaso renacentista. Químico, nutricionista, polifriki, cocinero y funcionario. En sus ratos libres escribe en Caja De Letras y Relatosymentiras, y a veces, la gente le lee. Primer premio en Diversidad Literaria (Antología de primavera, 2018), Librería París (Navidad, 2019) y FreakCon de Málaga (Relatos de fantasía, 2020). Autor en las antologías ShowYourRare y #OrgulloZombi. En Julio del 2020 publicó su primera novela corta, «Grumo y Mosquito».

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