Concepción Perea

Los diez errores del autor novel

Trucos de escritor

Los errores del autor novel no son nada de lo que avergonzarse, todos los hemos cometido en mayor o menor medida. Cuando empezamos a escribir debemos ser conscientes de que nuestro margen de mejora es amplio y tomárnoslo como una oportunidad de crecer, evolucionar y perfeccionar tanto nuestras tramas como nuestra prosa. Muchas obras de autores noveles desbordan tanta ambición como vicios recurrentes, pero en lugar de tomarnos eso como un problema irresoluble o algo de lo que avergonzarse, lo que debemos hacer es ser conscientes de estos errores para poder eliminarlos.

¿Cuáles son los errores más comunes en los autores noveles? Voy a dejarte una lista de los que más suelo encontrar en nuestras clases de narrativa y en nuestros informes de lectura. Así que saca el cuaderno y anota:

1.- Hacer un despliegue de vocabulario

Uno de los errores del autor novel más común es el uso excesivo de palabras infrecuentes. No intentes impresionar al lector con el uso intensivo de todos los términos y expresiones que contiene el diccionario de la Real Academia Española. Es mucho mejor utilizar pocas palabras y bien elegidas que muchas y rimbombantes. Tirar de arcaísmos, cultismos, extranjerismos, tecnicismos o términos retóricos demasiados rebuscados puede hacer que nuestro texto pierda naturalidad, haciéndolo sonar rebuscado y cargante. Además, tiene un problema añadido: a veces algunos autores usan estos términos en un sentido incorrecto. Las palabras no significan lo que ellos creen y la frase entera pierde su sentido.

2.- El uso de epítetos

El epíteto es un adjetivo que añade o subraya una cualidad característica del sustantivo al que acompaña . Hay varios tipos de epítetos, nosotros vamos a ocuparnos solo de uno, epithetum constans, en el que el adjetivo o participio señala una característica del sustantivo al que acompaña sin añadir ninguna información que el propio sustantivo no contuviera ya de forma implícita. Por ejemplo: frío hielo o verde hierba.

Su uso no es erróneo, el problema viene cuando abusamos de este recurso y además anteponemos constantemente el adjetivo, lo cual puede hacer que las frases suenen rebuscadas y repetitivas. Muchos de estos epítetos son adjetivos vacíos y cacofónicos que pueden hacer que nuestro texto pierda calidad.

Como figura retórica, su uso es legítimo, pero no abusemos. Es sin duda uno de los errores del autor novel más recurrente.

3.- Usar lugares comunes

También llamados “clichés”, son frases hechas que, a fuerza de oírlas y leerlas una y otra vez, han acabado por formar parte de nuestra biblioteca mental de recursos lingüísticos. Pero son tan empleadas, y de una manera tan universal, que han perdido su capacidad de sorprender, y su uso demuestra poca inventiva.

Algunos ejemplos: “espiral de violencia”, “negro como ala de cuervo”, “pechos turgentes” o “pelo sedoso”.

Es uno de los errores del autor novel porque aún no ha encontrado su propia voz. Es necesario que evites los lugares comunes, que crees tus propias frases, tus propias asociaciones. El objetivo es lograr frescura en el texto.

4.- Ser el protagonista (Trasunto o Mary Sue)

Uno de los errores del autor novel más habituales es convertirte en el protagonista de tus propias historias. O crear personajes tan perfectos que resultan inverosímiles.

Escribir para evadirnos, para vivir aventuras y romances, o para expresar nuestros sentimientos y desahogarnos puede ser el motor que nos impulse a la hora de contar una historia, y es una poderosa razón para coger el papel y el lápiz. Pero el autor debe ir más allá, salir de sí mismo y ser capaz de elaborar personajes que se alejen de él para poder explorar distintas personalidades, comportamientos y relaciones. Aunque nuestros personajes SIEMPRE tienen algo de nosotros mismos, debemos huir del protagonista-trasunto.

Desde hace unos años, además, una versión del trasunto se ha convertido en uno de esos errores del autor novel que los lectores no perdonan: la creación de una Mary Sue o un Gary Stu.

Mary Sue es un personaje ficticio idealizado y abiertamente identificable como el alter-ego del autor. Su principal característica es la de acaparar toda la atención de la historia y cambiar elementos importantes del argumento en su beneficio sin explicación alguna.

Las implicaciones negativas de la Mary Sue vienen de su tono escapista: a ojos de los lectores, tales personajes están pobremente desarrollados, demasiado perfectos y sin el realismo suficiente para ser interesante a alguien más que al autor. Por todo ello, la identificación de un Mary Sue en una historia original suele denotar poca habilidad literaria, aunque es típico de encontrar en trabajos de autores jóvenes o sin experiencia suficiente.

5.- Palabras y estructuras repetitivas

Respecto a palabras no recomendables, se suele hablar de los adverbios acabados en mente: someramente, acertadamente, lentamente, sorprendentemente. Aquí, sin embargo, habría que incluir los gerundios: andando, corriendo, hablando, etc. O del uso del “pero” creando una secuencia de frases con la estructura: “Iba caminando, pero se cayó”, “Se intentó levantar, pero alguien le interrumpió”. Aunque estas palabras no tienen nada de malo por sí mismas, y no son incorrectas, pueden resultar repetitivas si las usamos demasiado a menudo y transmitir una sensación de pobreza en el texto por la ausencia de variación en la construcción de nuestras oraciones.

6.- Tu producto es perfecto

Todos nos sentimos orgullosos cuando terminamos nuestra primera novela. Pero no caigas en uno de los errores del autor novel más peligrosos: creer que tu trabajo es perfecto.

Nunca renuncies a la revisión, a la corrección. Debes estar abierto a los consejos y evitar la rigidez.

Busca lectores cero, escucha sus opiniones y no dejes de pensar en que puedes seguir mejorando. Escribir es un proceso de aprendizaje continuo, un reto constante, por eso es tan estimulante.

Las novelas no se escriben; se reescriben. Somos humanos, cometemos errores. Entre los errores textuales más comunes siempre contaremos con errores ortográficos (tildes, erratas), tipográficos (puntuación, sobre todo), gramaticales (concordancia de género y número, tiempos verbales), sintácticos (cuidado con las frases largas, subordinadas), semánticos (¿sabemos lo que significan exactamente las palabras que usamos?) o incluso de raccord o de continuidad (un personaje al que le cambian los ojos de color, por ejemplo), etc.

7.- Diálogos pobres

Tratar de reproducir el habla coloquial en los diálogos en un intento de dar frescura a la novela puede ser un terrible error. El formato escrito es distinto al lenguaje hablado: Intentar reproducir este último es uno de los errores del autor novel que se hace más evidente para el lector.

Cuando transcribimos literalmente la manera en que nos comunicamos con los demás a diario caemos a menudo en la cháchara sin sustancia, carente de información. Nuestros diálogos deben contener información, no parecer vacíos. No podemos rellenar folios con “Buenos días, ¿vas a tomar café o cereales? ¡Vaya, hoy creo que tomaré cereales!”.

El diálogo que empleemos ha de ser significativo. Ha de revelar algún aspecto, alguna cualidad del personaje, su estado de ánimo, su forma de pensar, de actuar. Ha de tener relevancia en la historia.

8.- Usar personajes de relleno

Tratemos de manera adecuada a nuestros personajes. Los hay principales, secundarios y figurantes. Los dos primeros deben estar bien definidos, deben tener su papel en la historia. No pueden desaparecer sin dejar rastro, sin haber participado, o influido, de alguna manera, en la evolución de la trama o de otros personajes.

No podemos despacharlos con una descripción, por muy especial que sea, del tipo: “era un joven de veinte años con el pelo castaño y los ojos color violeta”, ponerlos en juego, y esperar que el lector sepa diferenciarlo del resto de personajes o recordar sus atributos físicos al cabo de cincuenta páginas. Debemos hacerlos especiales.

Uno de los errores del autor novel es no crear personajes ricos en matices, sólidos, llenos de carisma, con motivaciones reales y conflictos que resolver.

9.- Caer en el infodumping

Querer contar todo lo que ocurre en el universo que has creado es, probablemente, uno de los errores del autor novel que peores consecuencias. Como autores podemos vernos envueltos en una historia interminable, que se alargue durante cientos y cientos de páginas sin llegar a ver el final.

Lo que puede ocurrir en una habitación no debe ocurrir en un edificio. Lo que se pueden contar con tres palabras no debe contarse con tres páginas. No renuncies a la sencillez, a la simplicidad. Un buen párrafo en mitad de un folio en blanco vale más que una mala novela de mil páginas.

El escritor portugués José María Eça de Queirós dijo: «Nada hay más difícil que ser claro y breve. Se necesita ser un genio».

10.- No planificar

Forzar la lógica interna de una historia por querer adaptarla a la idea original que tenemos en nuestra cabeza es otro de los errores del autor novel más frecuente. Empezamos a escribir sin un final a la vista, sin un plan global. Tenemos una idea que nos parece buena y todo debe girar en torno a ella.

Toda obra comienza con un germen, un chispazo, algo pequeño. Pero antes de lanzarnos a escribir debemos desarrollar ese germen para que nuestra obra encaje de principio a fin. Para que no decaiga, para que mantenga la frescura, la intriga, el interés desde la primera a la última palabra. Y si vemos que nuestra idea primera, que a nosotros nos parece genial, carece de lógica, debemos ceder, adoptar y hacer cambios si es necesario.

¿Te has reconocido en alguno de estos errores? Si te ha parecido interesante, o crees que puede serle útil a alguien que conozcas, ¡comparte el artículo! Y si quieres aprender a evitar estos errores (y muchos más), apúntate a nuestros cursos de narrativa.

Concepción Perea

Concepción Perea Gómez es licenciada en humanidades y tiene un máster en creación literaria. Es escritora, lleva cinco años impartiendo clases de narrativa y forma parte de la organización del Encuentro de Literatura Fantástica de Dos Hermanas. Es la autora de "La corte de los Espejos" (Fantascy, 2013), "El misterio de la Caja Bethel" (Fantascy 2014) y "La última primavera" (Runas, Alianza Editorial 2017).

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