Alejandro Marín

Malaz y el equilibrio entre curiosidad y desesperación

Disección Literaria

El equilibrio entre curiosidad y desesperación es uno de los Grandes Temas (así, en mayúsculas, que en fantasía antes se usaban un montón) que preocupan a los lectores. El mes pasado ya introdujimos el delicado asunto de la Curiosidad del Lector como motor para la lectura, y este vamos a continuar ese camino. Y como de equilibrios y malabares va la cosa…

¡Bienvenido al circo literario! ¡Esta noche contamos con la actuación de Steven Erikson e Ian C. Esslemont como Equilibristas y de Alejandro Marín como Malabarista!

Espera pacientemente los aplausos que seguro llegarán. Carraspea.

Bueno, sí. Mejor empecemos.

Malaz y el equilibrio entre curiosidad y desesperación: ¿cómo gestionarlo en una gran saga?

Vaya por delante que no voy a saber responder a la pregunta que acabo de plantear. Tampoco creo que esperes que lo hiciera, ¿no? Si fuera el caso, creo que confías demasiado en mí. Tan solo voy a plantear por aquí las virtudes y defectos que en este sentido tienen, a mi juicio, ambas sagas. Y, como siempre, ya sabéis, todo depende de los gustos y eso. Yo aquí hablo del mío, claro. Eso sí, antes de eso, vamos a hablar brevemente de unos conceptos que nos van a ser de utilidad.

Malaz y el equilibrio entre curiosidad y desesperación: La pistola de Chéjov

Érase una vez un señor llamado Chéjov que hizo un símil que hoy en día hemos tergiversado. Sin entrar en qué quiso decir en su día este buen hombre con su pistola (lo explican aquí perfectamente los profes), hoy podemos definirlo como un recurso narrativo. La pistola (o arma) de Chéjov es ese elemento que mostramos en una escena para luego emplearlo más adelante. Es una manera de evitar los tan temidos deus ex machina de los que ya hemos hablado en alguna ocasión. Nadie te puede decir «eh, eso te lo has sacado de la manga» si hace cuatrocientas páginas que le has mostrado la solución al problema, aunque el lector no lo supiera, ¿no?

¿Por qué esto es interesante para la generación de curiosidad? Pues porque nadie ha dicho que el lector no sepa que has usado la pistola de Chéjov. Resumiendo, mucho, hay dos maneras de usar este recurso:

  • “Oculto”. En la narración, de manera que hasta que no se dispare la pistola, el lector no recuerde que había aparecido una.

  • Con cartel luminoso. El lector se da cuenta nada más verlo de que eso va a ser importante, y lo que hace es esperar el momento en que lo uses.

Y, es aquí, en este segundo punto, cuando esto se vuelve interesante, porque el lector está esperando que uses eso que le has enseñado. Es decir, está avanzando páginas, a la espera de que satisfagas la curiosidad que le has generado con la anticipación.

Malaz y el equilibrio entre curiosidad y desesperación: RAFO

Si antes he sido breve (hasta yo me he sorprendido), ahora ni parpadees, porque te pasarás de párrafo sin darte cuenta.

RAFO son las siglas en inglés de Read And Find Out, es decir, lo que le decimos a ese amigo que nos pregunta mil cosas que se resolverán más adelante: «Tú sigue leyendo, majo, que ya llegarás». Esto no es un recurso como tal (si acaso está relacionado con el planting and pay off del que os hablé aquí), sino que se trata más bien de la consecuencia de ese recurso.

La relación que tiene esto con el interés del lector es evidente, ¿no? Si la Información que le ocultas al lector le interesa, es una poderosa arma para mantenerlo enganchado.

Malaz y el equilibrio entre curiosidad y desesperación: el hilo conductor

Esto es una perogrullada, pero oye, hay que mencionarlo. ¿Qué mejor manera de mantener enganchado al lector en una saga larga que haciéndole saber que lo que venga detrás estará relacionado con lo que está leyendo en ese momento? Si el lector no siente que hay una cierta continuidad, ¿para qué va a meterse en una saga si cada libro va por su cuenta?

Malaz y el equilibrio entre curiosidad y desesperación: El Libro de los Caídos

Bueno, ya hemos llegado al barro. Ya estamos donde quería llevarte. ¡Al turrón!

  • Pistolas de Chéjov. Cientos, miles. Cantidades pabloescobarianas de pistolas por todas partes. No solo dentro de cada libro, sino entre libros. A favor: te mantiene atento a los nuevos anticipos que te va a dar, y pendiente del uso de los ya anunciados. En contra: puedes acabar abrumándote ante tantos frentes abiertos.

  • RAFO. ¿Hace falta explicarlo? Si algo tiene El Libro de los Caídos es información que no se te va a aclarar hasta que no sigas leyendo. A favor: una vez más, si entras en su juego, quedas totalmente atrapado por ese tira y afloja en el que siempre tira y casi nunca afloja. En contra: es terriblemente fácil perder de vista todo aquello que estaba pendiente de aclararse y, por lo tanto, pierdes ese punto a favor que has ganado al sugerir la información. Si el lector olvida que tenías que contarle algo, cuando se lo cuentes es posible que ya le dé igual.

  • El hilo conductor. Es, seguramente, uno de los problemas, porque hasta el cuarto libro no termina de quedarte claro qué historia está contando. El hilo conductor existe, hay una trama que empieza con el primero y termina con el décimo, pero es necesario llevar unos cuantos libros leídos para comprenderla. Hay mucha gente que no confía tanto en el escritor y abandona la saga a medias. En cualquier caso, de este tema hablaremos dentro de muy poco, así que estate atento.

Malaz y el equilibrio entre curiosidad y desesperación: Imperio

El análisis de la saga Imperio, lo digo ya, no es completo¸ porque la saga en español se quedó en el cuarto, que es hasta donde tengo leído. En cualquier caso, es más que suficiente para poder hablar de los tres puntos citados. Eso sí, por no repetirme en dos de ellos, los voy a englobar en un solo apartado.

  • Pistola de Chéjov y RAFO. Existen, pero, en general, o se resuelven en el mismo libro, o no tienen la suficiente fuerza como para cautivar nuestro interés durante los dos o tres libros que van a tardar en resolverse. A favor: es más fácil seguir las tramas de las novelas que en los Caídos, al no haber tanta información en subtexto. En contra: se genera menos anticipación durante la lectura.

  • El hilo conductor. Este es, a mi parecer, el gran problema que puede tener Imperio. La saga nos cuenta distintos eventos que van sucediendo alrededor del imperio de Malaz a partir del momento en el que en El Libro de los Caídos la trama se despega de este. Esto, que es muy interesante y nos lleva a distintos rincones del mundo que no conoceríamos si no es por esta saga (Quon Tali, Jacuruku, Korel o Assail), parece no ser suficiente para atrapar a muchos de los lectores. ¿Por qué? Porque no hay un hilo conductor que vertebre los seis libros. Todos heredan las consecuencias de los conflictos de los libros anteriores, obviamente, pero no hay una continuidad muy directa, más allá de que el imperio malazano siempre está asomando el hocico en todos los libros. Esto hace que al lector muchas veces le dé algo de pereza esta saga. Porque la curiosidad por el worldbuilding, aunque maravillosa para incrementar el hype de los seguidores, no es suficiente para mantenerlos atrapados. ¡Ojo cuidao!, son buenas novelas y, si ya estás metido en el barro malazano, dan un montón de información muy muy jugosa. Pero, al no tener un hilo conductor propio, dejan la sensación de ser una saga secundaria, planteada para rellenar todo aquello que El Libro de los Caídos no puede contar. Y eso no es cierto, no es una saga supeditada a la de Erikson, pero, al no tener esa visión global que te permita esperar cosas más adelante, deja esa sensación de insatisfacción en muchos lectores.

 Y, uff. Creo que podríamos dejarlo ya por hoy, ¿no?

El barco de guerra malazano ha llegado hasta la isla Cabal, donde una decena de monjes fuera de sus… cabales (¡badum tss!) los espera con un montón de cerveza.

Próxima parada: La recompensa emocional.

¡No te olvides de traer cerveza!

Alejandro Marín

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