Alejandro Marín

Malaz y el narrador

Disección Literaria

El punto de vista es uno de los elementos clave dentro de la narración y no importa el punto de vista desde el que se mire. Vale, quizá no ha sido la mejor manera para intentar que sigas leyendo, ¿te parece si olvidamos que he dicho eso y empezamos? Gracias, te debo una birra.

Malaz y el narrador

¡Quieto ahí, Alejandro! ¿No has empezado hablando del punto de vista? ¡Correcto! Pero igual que, antes de construir un muro, hay que cimentarlo; antes de hablar del punto de vista, tenemos que dar unas pequeñas pinceladas (y quizá no tan pequeñas) acerca de los tipos de narrador de los que dispone un autor antes de empezar a aporrear teclas.

Hay varios tipos de narrador en función de en qué persona gramatical esté contada la historia (primera, tercera y la gran temida y evitada segunda); en función del tiempo verbal de la narración (pasado, presente y el también temido y evitado futuro). Por último, existe el narrador que nos atañe en todo este tema: el que depende del grado de conocimiento que tiene de la historia. Como esto hay que tenerlo claro, clarinete, clarísimo, clarérrimo y un montón de sufijos innecesarios más, allá vamos.

Tipos de narrador

Antes de nada, hay que tener muy presente que, salvo casos puntuales, el narrador no suele ser un personaje de la historia, aunque hable como uno de ellos. El narrador es, en la mayoría de las ocasiones, una figura externa, inexistente, que, desde una mayor o menor distancia, presencia los conflictos y se los cuenta al lector. Como en todo, hay excepciones, y el narrador es directamente un personaje contando una historia (por ejemplo, y ya que sacas tú el tema de Malaz, je, je, je, el octavo libro de El Libro de los Caídos, Doblan por los mastines, está narrado por un personaje que tiene una voz muy peculiar y reconocible).

Volviendo a lo que nos ocupa, incluso dentro de esta clasificación hay varios subtipos de los que tampoco hace falta hablar. Vamos a centrarnos en los más importantes.

Narrador omnisciente

La principal característica del narrador omnisciente es que lo sabe todo. No va a sugerir una explicación, ni a malinterpretar un conflicto y, por lo tanto, causar consecuencias devastadoras de ese error. Sabe de manera precisa y absoluta todo lo que pasó, pasa y, en muchas ocasiones, lo que pasará. Tanto en el foco en el que transcurre la acción, como en el resto de tramas de la novela y zonas geográficas del mundo en cuestión. Todo es todo, incluido lo que piensan los personajes, lo que desean y lo que odian. Esto último permite al narrador omnisciente viajar de un personaje a otro incluso en una misma escena, como haría una cámara de cine con los travellings.

Esto da al escritor una libertad casi infinita a la hora de contar la historia, pues el narrador omnisciente es lo más parecido al propio escritor que hay. No en cuanto a la voz personal o a las ideas que filtre en la historia, sino en cuanto al conocimiento y al control que tiene de la misma. Puede identificarse con el escritor o con un ser externo que ve lo que está pasando y se lo cuenta al lector a través de la lectura.

Narrador equisciente

La característica principal del narrador equisciente es que sigue a un personaje a lo largo de la historia. Se pega a él y tan solo sabe lo que este sabe. Los pensamientos de este personaje son los únicos que se filtran en la narración y todo lo que él no conozca el narrador solo puede sugerirlo.

Este narrador permite la «multiperspectiva». Toma palabro. Básicamente, permite que podamos tener distintos puntos de vista (ya ves por dónde quiero ir y por qué había que hablar de esto antes, ¿no?) a lo largo de una obra. Es decir, permite seguir a tantos personajes como queramos a lo largo de la historia.

Esto, que es una oposición clara con el narrador omnisciente, muchas veces hace que se confundan, y que el escritor emplee en un narrador equisciente herramientas que le están reservadas al narrador omnisciente.

Esta última situación afecta, sobre todo, a la voz del narrador. Cada personaje debe tener una voz propia que le haga único y reconocible dentro de la novela. Igual que tú no te expresas del mismo modo, con las mismas palabras, tono y estructura en las oraciones como lo hacen tu hermano/a o tus padres, los personajes no deberían hablar todos igual, como copias. Estas características diferenciadoras en la comunicación de los personajes conforman la voz del personaje.

Pues bien, del mismo modo que los personajes tienen voz, el narrador también.

La voz del narrador

Voy a ser breve, pues nuestro profe, Jordi Noguera, ya habló aquí de la voz del narrador. Como resumen resumido destinado a resumir, podríamos quedarnos con esto:

  • En el narrador omnisciente, la voz del narrador es más impersonal. Puede tener un tono jocoso, serio como un inspector de Hacienda, culto, sádico (también como un inspector de Hacienda)… Pero es uniforme. Al menos, lo es en el mismo tipo de escenas. Puede cambiar un poco el tono entre escenas de acción o escenas de humor para adaptarse a lo que está contando y que llegue al lector de la manera correcta. Pero, en cualquiera de los casos, no puede adaptarse (cambiar) tanto que no sea reconocible de unas escenas a otras.

  • El narrador equisciente, como ya hemos comentado, está mucho más cerca de los personajes (siempre de uno de ellos cada vez), por lo que la voz de estos se acaba filtrando en la voz del narrador. Esto hace que sean indistinguibles en ocasiones y que parezca que el narrador es el personaje. Pero eso no es cierto. El narrador nos cuenta la historia tal y como la ve el personaje, por lo que es imposible evitar que su voz se mezcle con la del narrador.

Malaz y el narrador: ¿cómo lo hicieron?

¡Pues se viene el cliffhanger cliffhangérrimo!

El asunto de los narradores y los puntos de vista en Malaz se va a tener que quedar para el mes que viene. Hablaremos de eso, y de cómo emplear el punto de vista en la recompensa emocional (como prometí el mes pasado), claro.

Eso sí, os dejo un pequeño dato como anticipo de lo que está por llegar. No es un dato exacto, pero, en todo caso, es un dato a la baja: 165. 45. 210. Eso es. Has leído bien. Entre las dos sagas (en los libros traducidos al español) hay, al menos, doscientos diez puntos de vista distintos. Ahí es nada.

Y se acabó por hoy, ya está bien.

El barco de guerra malazano, al igual que yo, se queda varado un tiempo más en el bosque dalhonesio, que aún tiene cosas que hacer por allí.

Próxima parada: El punto de vista.

¡No te olvides de traer cerveza!

Alejandro Marín

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