Alejandro Marín

Malaz y el punto de vista

Disección Literaria

Espero que me hayas perdonado el cliffhanger del mes pasado y estés listo para hablar de Malaz y el punto de vista. ¿Cómo? ¿Que no te acuerdas? Venga, aquí lo tienes. Y ahora ya, sin excusas, vamos a darle a esta buena mandanga.

Malaz y el punto de vista: ¿cómo?

El mes pasado estuvimos hablando de los tipos de narrador. Te prometí que lo aclararíamos todo este mes (demasiadas cosas me dejé para este mes, ¡maldito Alejandro del pasado!), así que allá vamos.

El tipo de narrador elegido en las dos sagas es un narrador equisciente. ¡Espera, espera! Sí, lo sé, lo sé. Lo dije el mes pasado. En Doblan por los Mastines, no, aunque también. En este libro se produce una mezcla entre narrador equisciente y omnisciente. Me explico:

  • Uno de los escenarios principales del libro es Darujhistan. Todo lo que pasa en esta ciudad está narrado por Kruppe, aunque no se cuente desde su punto de vista. Es un narrador particular, porque es un narrador omnisciente que sigue a un único personaje en cada escena. Tiene la voz de Kruppe y sabe todo lo que puede saber Kruppe (que acabas descubriendo que es mucho), pero el personaje al que sigue no dispone de ese conocimiento que maneja el narrador omnisciente. Como experimento narrativo es curioso, pero se trata tan solo de una excepción en las sagas.

  • Todo lo que sucede fuera de este escenario está narrado con el mismo tipo de narrador equisciente que el resto de libros. Un personaje en cada escena. Conocimiento limitado. Emociones y razonamientos propios del personaje.

Vale, una vez aclarado el cómo emplean el narrador, lancémonos de cabeza al quién.

Malaz y el punto de vista: ¿quién?

Pues recogiendo el guante que dejé el mes pasado. Allá vamos. 3, 2, 1…

Anteriormente en Malaz y el narrador…

«Eso sí, os dejo un pequeño dato como anticipo de lo que está por llegar. No es un dato exacto, pero, en todo caso, es un dato a la baja.

165. 45. 210. Eso es. Has leído bien.

Entre las dos sagas (en los libros traducidos al español) hay, al menos, doscientos diez puntos de vista distintos.

Ahí es nada».

Bueno, ha llegado el momento de explicar esos más de 200 puntos de vista. ¿De verdad hacen falta tantos? No. ¿Es recomendable poner tantos? No. ¿Por qué pusieron tantos entonces? No. Ay, espera, que eso no tocaba ahora.

A ver, todos estamos de acuerdo en que no hace falta tanto punto de vista, ni tanto personaje. No hace falta… ¿o sí? No. No hace falta. Pero estos no tan jóvenes canadienses saben usar esos puntos de vista (algunos de ellos tan circunstanciales como efímeros) para reforzar dos asuntos, de los que uno de ellos ya debería sonarte. Recompensa emocional. Pero aún no. Antes vamos a hablar de algunos inconvenientes de este amplio abanico. Luego llegarán las ventajas. Y, más luego, el otro asunto: el tratamiento del conflicto. Pero eso el mes que viene. Si me dejas y no te enfadas, claro.

Malaz y el punto de vista: quien mucho abarca, poco aprieta

Hemos comentado ya la importancia que tiene la voz del narrador en los narradores equiscientes. ¿Qué pasa si tienes más de 200 narradores equiscientes? Efectivamente. No puedes crear 200 voces diferentes, interiorizarlas y plasmarlas. No vale la pena ni intentarlo. Es imposible. Así pues, aquí tenemos la primera pega de esta inmensa variedad de puntos de vista. Muchos van a sonar muy parecidos. En el caso de Erikson, muy filosóficos la mayoría. Si asumes que cualquier personaje es capaz de hacer disertaciones, esto no será un problema para ti. Seguimos.

Malaz y el punto de vista: ¿y este quién es?

Vale, esto no es exclusivo de Malaz, pero sí que es característico. Todos nos hemos sentido así, no merece la pena ocultarlo. ¡Quitémonos las caretas! Es obvio. Muchos personajes = dificultad para recordar los nombres. De cajón. ¡Siguiente!

Malaz y el punto de vista: la riqueza emocional

¡Ja! Seguro que esperabas otro inconveniente. No, no. Vamos a hablar de las cosas güenas.

Hace dos meses definimos la recompensa emocional como «el clímax emocional de la obra, esa escena en la que la emoción que tanto has trabajado para transmitir al lector se eleva por encima de las demás y parece ocuparlo todo en la narración. Esa que se queda como un poso cuando has terminado de leer y el tiempo pasa y borra la mayoría de eventos. Pero no esa escena. No esa emoción». Recojo lo que me quedó colgado entonces.

El uso del punto de vista es una herramienta muy útil para facilitar la consecución exitosa de esta recompensa. ¿Cuál es la clave? La empatía. Si el lector es capaz de empatizar con tus personajes, estará mucho más cerca emocionalmente de ellos. El siguiente paso es evidente, ¿no? Si se acerca emocionalmente a los personajes, puedes guiarlo mediante las experiencias de estos a través de esa ruta emocional que pretendes que experimente. A más puntos de vista, más probabilidades tienes de que el lector sufra, se emocione, se alegre, llore, ría, se estrese, se aterre… Las posibilidades son infinitas. Y permiten reforzar la recompensa emocional hasta niveles steveneriksonianos.

Sin ninguna duda, uno de los factores que más y mejor ayuda a que el mazazo emocional sea tan intenso y tan continuo en El Libro de los Caídos es este. La variedad de personajes es tan amplia que es prácticamente imposible que no encuentres muchos que te emocionen y te lleven por donde el autor desea llevarte.

Malaz y el punto de vista: la perspectiva del conflicto

Ya tienes que estar acostumbrado a esto, pero, como ya he dicho, vamos a dejar este tema para el mes que viene, que sino esta entrada se me va a hacer más larga que la espera por la traducción de Imperio.

Para que no te me quedes demasiado a medias, vamos a hacer un pequeño resumen de lo que hemos hablado estos meses:

  • El uso de un narrador equisciente frente a uno omnisciente te permite ver el mundo como lo ve el personaje, lo que vuelca sus emociones, pensamientos y motivaciones en el texto de una manera más orgánica. En contrapartida, el narrador solo sabe lo que sabe el personaje.

  • El uso de un narrador equisciente permite tener tantos puntos de vista como se desee.

  • ¡Ojo con esto último! Tener muchos puntos de vista puede provocar confusión en el lector. ¡También hace que sea complicado gestionar la voz de los distintos narradores!

  • Por otra parte, a más puntos de vista, el autor dispone de un abanico más amplio para trazar la ruta emocional deseada para sus lectores.

Ahora sí, ¡esto es todo!

El barco de guerra malazano parte hacia el este, al lejano continente de Genabackis.

Próxima parada: La perspectiva en los conflictos.

¡No te olvides de traer cerveza!

Alejandro Marín

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