24/09/2014

La necesidad de un nuevo modelo editorial

¿Por qué es necesario un nuevo modelo editorial?

Hace un par de días escribía un artículo en mi blog sobre la posibilidad real de que el oficio de escritor termine cayendo en un limbo del que sea difícil salir debido a la situación actual del mercado del libro.

Porque la industria editorial está entrando en estado comatoso. La piratería hace estragos, las editoriales intentan aumentar el margen de beneficios a costa de reducir gastos, con lo que se ofrece un producto peor acabado (son muchos los lectores que se quejan, por ejemplo, de la pésima corrección de texto que encuentran en los libros), las librerías cierran al no poder mantener su negocio y los escritores se encuentran con que el formato digital, que estaba llamado a ser una fórmula a explotar, no solo no produce ventas sino que además favorece la proliferación de descargas ilegales.

Ante este panorama, empresas tan emblemáticas como Everest se encuentran en un verdadero aprieto. Y no es un problema únicamente español, aunque aquí se está cebando con la industria especialmente. En otros países se vive una problemática similar. Ayer mismo aparecía en un periódico colombiano cómo hay una serie de editoriales independientes que están intentando realizar nuevos modelos de negocio, apostando por ideas originales y creando incluso una asociación de editores independientes.

El problema, según algunos, es que los grandes sellos dependen de encontrar el Best-Seller de temporada, ese libro que cuadre las ventas de todos los demás. Por eso la industria editorial habría comenzado años atrás una carrera hacia adelante, publicando cada vez más títulos en un intento no solo de encontrar ese bombazo de temporada que les salvara el año sino, además, reducir las novedades del enemigo.

Este modelo de negocio ha llevado al colapso. Las librerías no son capaces de asimilar tanta novedad y hay un universo de títulos de calidad ahogados unos sobre otros, sin que puedan descollar más que aquellos a los que se les hace una promoción brutal. Aunque, por supuesto, esa promoción es exclusividad de los grandes nombres. ¿Resultado? Librerías cada vez con menos fondo, más enfocadas a la venta de títulos inmediatos y cada vez menos autores con proyección.

Nuevas opciones: Regreso al pasado

La asociación colombiana ha sido más inteligente: ha apostado por unir filas con los autores, y, sobre todo, con libreros independientes, que son los que tienen posibilidades reales de colocar los libros en manos del lector.

Y es que, en realidad, ese es el gran reto. En Factoría de Autores solemos decir que un libro que no se ve, es un libro que no se vende. Por lo tanto, el problema está en hacer saber al lector que ese libro existe. Una editorial independiente difícilmente va a tener un gran best-seller, ni tampoco acceso a una gran distribución, ni, por supuesto, podrá pelear por espacio en las librerías de las grandes cadenas.

De modo que aquí, en España, empieza a hablarse también de librerías independientes para editoriales independientes. Este artículo, por ejemplo, habla de una que se inauguró hace unos meses en Barcelona con la intención de que esos libros no fueran tragados por la inmensidad de títulos que se publican. La fórmula es cuando menos curiosa: el editor paga una cantidad por el espacio que quiere disponer en la librería y luego se lleva el 99% de la venta del libro.

Nuevos tiempos, nuevas posibilidades. O tal vez haya que decir “viejas posibilidades”, porque estos intentos no son más que una vuelta al pasado, renovada por las nuevas opciones de edición. Es una vuelta al editor tradicional, que cuidaba el paso de sus autores con mimo y se involucraba personalmente en el producto, muy alejado de lo que es normal encontrar hoy en día: editores con tal número de libros por sacar anualmente, algunos de ellos llevando varios sellos de diferente temática, y tan presionados por la necesidad de producir beneficios con las ventas, que es imposible que realicen ese trabajo.

¿Y en España?

En contra, claro, las grandes editoriales.

Hace unos días, ATres media, de Grupo Planeta, ponía en marcha una nueva plataforma con un tema claro: Crea Cultura.

La idea es concienciar al ciudadano de la importancia de proteger los contenidos creativos y a quienes los crean. Al parecer, será una campaña a largo plazo, al estilo “Ponle Freno”, y cuyo objetivo final es intentar remediar la sangría que las descargar ilegales están provocando en los sectores artísticos.

Pero estos grandes grupos no se plantean un cambio de estrategia, ni un cambio en el modelo empresarial. Se ponen todas las tintas en el usuario final, como si fuera el culpable de todo mal. Y me temo que no es exactamente así. Me temo que las editoriales deben dar un paso al frente, reconocer los errores, y por qué no decirlo, los abusos, que se han cometido a lo largo de los años y plantear nuevas posibilidades.

Y es que de este lío solo saldremos si todas las partes se sientan y buscan la fórmula para tender puentes.



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