Borja Alonso

El suspense y la sorpresa en la literatura – Parte II

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¡Muy buenas, muchachada literaria! En octubre os traje la primera parte de El suspense y la sorpresa en la literatura. Hoy, vamos a rematar la faena. ¡Dentro susticos!

¿Cómo generar suspense en una historia?

La forma más fácil es formular una pregunta al lector y posponer la respuesta: «¿Por qué han envenenado al mayordomo y no al conde?»; «¿Qué le pasa a Ricardo, que se desmaya cada vez que ve un pomelo?»; «¿Dónde está la última pizza del congelador?», etc.  Estas preguntas generan una necesidad en el lector, que quiere saber más. Pero ojocuidao, volviendo con la primera parte del artículo, si alargamos demasiado el espacio entre la pregunta y la respuesta el chicle que estamos estirando puede llegar a romperse.

Si no queremos liarnos la manta a la cabeza, lo más cómodo es generar la pregunta al principio del capítulo y resolverlo a lo largo del mismo. O enlazar pregunta-respuesta-pregunta-respuesta de un capítulo a otro. Ahí puedes hacer lo que tú prefieras. Esto se hace mucho en los thrillers. De hecho, no generar demasiadas expectativas es con lo que hay que tener cuidado. Es decir, que no nos dediquemos a generar preguntas cuya respuesta sea, básicamente, una chorrada. Esto tirará por los suelos el interés del lector por la obra. Y ya ni hablamos de hacer un Lost y dejar chorrocientos cabos sueltos. Eso es el mal.

También podemos ocultar deliberadamente información para generar suspense. Alguien desenfunda una pistola, haces una elipsis cuando le apuntan a la cabeza al prota y saltas a otro punto de vista. Es un recurso barato pero, si no abusas, puede funcionar.

Miedo&Violencia

Otra manera de generar suspense es hacer ver al lector que el protagonista corre peligro real. Siempre conviene haber hecho un trabajo previo para que los lectores empaticen con el personaje (si no, por mucho que los primigenios se lo acaben comiendo, se sentirá irrelevante). Además, podemos añadir otra capa de interés haciendo que el lector sea consciente de ese peligro, pero el personaje, no. Las dos fórmulas son válidas.

«El suspense es la expectativa de que algo vaya a terminar de modo violento»

 Simplificando esta idea, cuando metemos en la escena armas o situaciones capaces de provocar un perjuicio serio, estaremos creando suspense. Volvemos a la bomba debajo de la mesa de Hitchcock. En cualquier caso, la aparición de un objeto con la capacidad de llevar la violencia a un punto extremo siempre carga la escena de expectativas. Me gusta poner como ejemplo la escena del bar nazi de Malditos bastardos (que, bueno, siendo de Tarantino, ya nos podíamos imaginar cómo iba a acabar la cosa).

El tiempo

Meter un reloj interno en una escena siempre va a generar suspense. ¿Llegarán a tiempo los protagonistas para desactivar la bomba nuclear que hay escondida en la Plaza del Sol en Nochevieja? De hecho, podemos construir la novela entera alrededor de esta idea.

La tensión sexual

No tengo ni repajolera idea de este tema, así que no pienso dar un solo consejo. Sin embargo, se ve que este recurso funciona como un tiro (hay series y sagas sostenidas casi exclusivamente por esto). Si alguien se anima a iluminarnos con el tema, se lo agradeceré.

¿Cómo generar sorpresa en una historia?

Un plot-twist, o giro en la trama, es una revelación que produce un cambio relevante en las ideas preestablecidas hasta el momento de tu historia y/o en el arco de los personajes. Así tiene que funcionar una buena sorpresa. Todo lo demás son fuegos de artificio.

De nuevo, aquí también es clave la falta de información. Sin embargo, la diferencia es que al lector no le hemos hecho saber que le estamos ocultando algo.

Los lectores no suelen tener buenas tragaderas con las sacadas de manga. Si de pronto un personaje muerto “resucita” de la nada para resolver un conflicto… tu lector va a torcer el morro o cerrar el libro. Una buena sorpresa es inesperada, pero no improbable. Se tienen que haber plantado las semillas que justifiquen esa revelación. Sobre este tema hay mucha literatura. Os dejo por aquí el link en el que se habla con más detalle del red herring. Entonces, ¿no podemos meter un sorpresón loco de ninguna manera? ¡Ahora lo vemos!

¿Alguna vez has leído una historia donde sientes que algo no cuadra y, de repente, te dan una piecita de información nueva que reordena el rompecabezas que estabas armando? ¡Esas son las revelaciones buenérrimas! Las que, más que generar preguntas, responden a las incógnitas, otorgan nueva información o le dan claridad al texto.

También una sorpresa puede, simplemente, añadir una nueva capa de profundidad a un personaje. Por ejemplo, en un momento dado se descubre que un personaje es de otro país y… no sé, celíaco, por ejemplo. Es posible que esta información no altere en nada la trama, pero puede ayudar a que el lector encuentre más interesante al personaje. Si una revelación añade profundidad a algún elemento de la obra, bienvenida sea.

Pero ¡ojo! Si vamos a meter alguna sorpresa o matiz en la historia más vale que tenga sentido cuando revisitemos la obra. De nada nos sirve descubrir que el fiero guerrero decapitador de enemigos del grupo resulta que es crudivegano (lo criaron unos monjes hidropónicos de nosedónde) si cien páginas antes se estaba apretando un chuletón.

El mejor-peor ejemplo lo tenemos en Now You See Me. El antagonista, que parecía un policía despistado, al final resulta ser un genio que ha estado fingiendo todo el rato. Pero… ¿y qué hay de esas escenas en las que actuaba como un inútil, a solas? Fallo de lógica.

Ah, y si vas a intentar sorprender al lector con el girito de que todo era un sueño, visión o premonición, prepárate, porque las montañas de odio que vas a recibir van a ser de campeonato. Este recurso suele generar sensación de estafa y pérdida de tiempo.

La coincidencia y la casualidad

Sin embaaaaargo, hay un pequeño resquicio por el que nos podemos colar si queremos sorprender al lector because potatoes y es dándole un sentido temático a la sorpresa. Si nuestra obra trata sobre las desgracias, injusticias y mala suerte, puede cuadrar que ocurran imprevistos aleatorios. Además, también podemos sorprender al lector con un evento casual, siempre y cuando no sea una disrupción sobre el hilo argumental o te sirva para desarrollar los personajes, worldbuilding y tal, en la dirección que a ti te interesa.

Un buen ejemplo lo tenemos en El señor de los anillos: las dos torres. Golum&Frodo&Sam se cruzan con Faramir y este encuentro sirve para ahondar en los personajes, conocer a Faramir y, de paso, empezar a sembrar las semillas de la jodienda que luego les preparará el señor Sméagol.

¡Y con esto doy por terminada la entrada! Se me han quedado un par de cositas en el tintero, pero espero que lo aquí expuesto os dé algunas ideas para vuestras historietas.

Ahora voy a estrujarme los sesos para pensar con qué tipo de artículo continúo el 2021.

Hasta entonces, nos leemos.

Borja Alonso

Borja Alonso Alonso (Remolinos, Zaragoza, 1989) se define como el auténtico fracaso renacentista. Químico, nutricionista, polifriki, cocinero y funcionario. En sus ratos libres escribe en Caja De Letras y Relatosymentiras, y a veces, la gente le lee. Primer premio en Diversidad Literaria (Antología de primavera, 2018), Librería París (Navidad, 2019) y FreakCon de Málaga (Relatos de fantasía, 2020). Autor en las antologías ShowYourRare y #OrgulloZombi. En Julio del 2020 publicó su primera novela corta, «Grumo y Mosquito».

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