Igual te han dicho alguna vez eso de que eres «arisco como un gato». Y más que molestia por la ofensa, te ha sonado gastado o aburrido. Esto es culpa de lo que se conoce en estilo como lugares comunes.Los lugares comunes, en el estilo literario, ocupan un deshonroso puesto entre la frase hecha y la metáfora. Alguien inventa una agrupación de palabras nuevecita, suena bien, gusta al oído y a la vista. Pero comienza a usarse, y a usarse, y a usarse, hasta que pierde impacto y fuerza de imagen. Es lo que le debió ocurrir en algún momento a «arrancar aplausos» y «batir palmas»: en algún momento debió dejar una potente huella acústica en nuestro cerebro, pero ahora pasa por él sin pena ni gloria.El caso es que un buen escritor se inventa algo como «encogerse de hombros». Por algún motivo gusta, se acepta y se repite «hasta la extenuación». Pero llega un momento en que se atrofia, se agota, y se vuelve estéril; nos aburre. A todos y cada uno de nosotros, seamos una «bella joven» o no. Digamos que ya no podemos leerla sin que «reine la perplejidad en nuestro rostro». No conviene «mirar ojiplático» este tema por mucho que nos asombre. Y mucho menos, naufragar en su «mar de confusiones». Sin ánimo de ofender, esto tampoco debería «provocar discusiones» ni liberar «lágrimas amargas».Lo mejor es que obviemos el «sordo rumor» que generan estas frases y nos libremos de la «pasión febril» por utilizarlas. Solo así llegaremos a «abrir el corazón» para que salgan de nuestro cuerpo todas estas palabras tan deslustradas, que nos hacen «ruborizarnos y palidecer»: los lugares comunes.
Lugares comunes y la boca
Pero antes de que lleguemos a «tener el corazón lleno de emociones», debemos hablar del mayor grupo de lugares comunes en la literatura. Y, curiosamente, muchos de ellos están relacionados con las descripciones de nuestro cuerpo (y nuestro rostro, en particular). Veamos algunas partes de nuestra anatomía que son recurrentes a la hora de ofrecer la descripción literaria de una persona.La boca, ay, querida abertura anterior del tubo digestivo. Cómo haríamos hablar a nuestros personajes sin ella. Quizás sea esto lo que hace que en ella quepan multitud de lugares comunes. Van desde la forma de sonreír a la forma de hablar pasando por multitud de acciones. Por ejemplo: es fácil que alguien acabe por «enjugarse la boca» después de una provechosa comida. Tan fácil como «sonreír siniestramente» cuando el antagonista está a punto de caer en la trampa o «reír a mandíbula batiente» cuando en la taberna regentada por nuestro enano favorito hay noche de monólogos. Tampoco estaría mal que dejásemos de susurrar con «un hilo de voz». Y que reservásemos los «besos callados» para las baladas. Por no hablar del horripilante espanto que puede producir cualquiera de estas metáforas: «boca de fresa», «hablar con voz quebrada», «risa de hiena», «reír como loco», «sonrisa falsa», «la curva de la sonrisa», «cuello de cisne» (si somos generosos con este último y metemos el cuello en este grupo, claro)…
Más lugares comunes del rostro
Los ojos y la mirada —y las lágrimas, cómo no— tampoco escapan a esta plaga de los lugares comunes. Los enamorados se miran con «limpia mirada»; y «mirar con timidez» puede conquistar a alguien y uno solo se emociona de verdad cuando tiene los «ojos vidriosos». El llanto parece que debe ser un «lastimoso llanto» o «llanto quejumbroso» para que sea tenido en cuenta. Y tampoco vale eso de «llorar a moco tendido». Pero en realidad no es que lloremos, es que «las lágrimas acuden a los ojos».La frente también ha sufrido auténticos atropellos en lo que a lugares comunes se refiere. Por ejemplo: el artificiero no cortará el cable correcto de la bomba si no tiene «la frente perlada de sudor». El detective jamás encontrará al asesino si mientras cavila no se esfuerza en «fruncir el ceño». Y en general nadie muestra desacuerdo si no «arruga la frente».Y del cuerpo, en general, hay decenas de lugares comunes. Sobre todo, si buscamos en el ámbito erótico o sexual, ¡placeres culpables! A saber: «pechos turgentes», «suaves caricias», «vientre plano», «torso esculpido», «pasión ardiente», «desbordado de placer», «potente erección», «embestida animal», «intenso orgasmo»… ¡No vale «torcer el gesto» de esa forma, tú también los has usado alguna vez, seguro!
Los lugares comunes, el tiempo y el clima
Y ahora que ha subido la temperatura… ¿Soy yo o hace aquí un «calor sofocante»? Otro grupo de lugares comunes muy frecuente es aquel que está relacionado con fenómenos atmosféricos. Estamos acostumbrados a leer una y otra vez la «densa niebla», la «espesa niebla», la «niebla impenetrable», etc. Por no hablar de las «torrenciales lluvias» o los «vientos huracanados». Ahora que se acerca el verano, os advierto: ¡cuidado con ese «sol de justicia»!
La cansina estructura de los lugares comunes
Una vez vistos todos estos ejemplos, no hay que pararse a pensar mucho para entender algo: los lugares comunes suenan tan mediocres porque se asientan sobre una estructura muy repetitiva. Y demuestran cierta tendencia hacia tres fórmulas (que en realidad son dos): sustantivo + adjetivo, adjetivo + sustantivo y adjetivo + «como» + sustantivo. De los dos primeros hay patadas en las líneas que acabas de leer. Sin embargo, de la última estructura (comparativa), no han aparecido demasiados, así que dejamos por aquí algunos más: «frío como el hielo», «preciso como un francotirador», «veloz como el rayo», «blando como la lana», «oscuro como la noche», «brillante como el metal»…¿Hay forma de combatir a estos lugares comunes? Deberías empezar por vigilar estas estructuras, porque, como ves, es donde mejor nido suelen hacer. ¿Y cómo se pueden superar? ¡Es muy fácil, la mayoría de estos lugares comunes son metáforas! ¡Tendrás que ponerle ingenio, creatividad y horas de lectura! Eso sí, cuidado con el exceso de originalidad: «verde como el vómito de un vegano» puede resultar tan poco efectivo como «verde como una pradera». ¡Ponle ganas y no «aburras hasta a las ovejas»!







Excelente texto sobre lugares comunes.
Lugares comunes. No se si entren estos. » Cuidate mucho», » que Dios te Bendiga», » echale Ganas». A las del Gobierno: «ya no somos iguales», La 4a transformacion, etc etc.
Recientemente estuve revisando mi novela, que está casi lista. Un amigo escritor dio un vistazo y me dijo que la misma estaba llena de lugares comunes y clichés. Volví a leer un trozo y dije, si, tiene razón, está llena de lugares comunes. Y no son los más, más frecuentes, pero si, la verdad es que no son originales. Pero entonces me puse a leer otros autores consagrados, o por lo menos de mucho renombre, como María Dueñas y Haruki Murakami, y también encuentro que son frases que no se inventaron ellos, que se han usado antes. Y entonces me surge la pregunta ¿Hasta donde huir de los llamados lugares comunes?¿Hasta donde ser flexibles y aceptarlos? ¿O es que debemos redefinir lo que es un lugar común y lo que es un cliché? Creo que hay cosas, que sencillamente se dicen de una forma, y aunque suene a lugar común, pues así se dice. Usted menciona “Enjugarse la boca”, pero es que si yo quiero decir que un personaje se enjugó la boca, pues es así como se dice, y no estoy en ese momento pensando que soy poeta y que estoy luciéndome, sencillamente así se dice. Okey, se puede crear una imagen, pero ¿Cuál es el problema si digo una frase directa? Si una persona tiene los ojos vidriosos, o aguados, pues, se puede buscar otra frase, si pero ¿Qué pasa si uso una frase directa?
He leído en María Dueñas, en el Tiempo Entre Costuras “(…) como quien cambia un pañuelo de mano” o “Abrir el saco de la melancolía”; Mario Vargas Llosa: «Los esqueletos de avisos luminosos flotando en la neblina.»; «Cabizbajo, va escoltado por transeúntes…”; Julio Cortazar: | «Buscar su lugar en el mundo»; Haruki Murakami: como un bumerán, todo volvía al mismo punto de partida: yo.»
Pero estos son grandes escritores, pero ¿En que se diferencian estas frases de los lugares comunes? Probablemente dirán que en el momento en que lo usaron n eran lugares comunes, pero ahora, si. Bueno, la verdad, no lo se. Pero a mi me hace pensar, por que la verdad es que siento que aunque uno puede tratar de manejar imágenes en algunos momentos, a veces es necesario usar frases directas, pero aún así, hasta donde podemos ser flexibles con eso. Igualmente me parece con eso de “No lo digas, muéstralo”. En talleres literarios que he hecho, me han insistido mucho que no diga por ejemplo “ Pedro dio los buenos días con un tono agrio”, que muestre ese tono agrio. Pero he aquí que después veo que casi de forma idéntica lo dicen escritores consagrados. ¿Y entonces? Bueno, amigo Antonio, no quiero sonar grosero, ni nada por el estilo. Es más bien, que me siento confundido y quiero encontrar el punto de equilibrio, supongo que lo hay. Quiero mejorar mi escritura y le agradezco su artículo y las orientaciones que me pueda dar. Gracias.