Antonio Vileya

Lugares comunes: ¿Qué son y por qué evitarlos?

Ortografía y Gramática

Igual te han dicho alguna vez eso de que eres «arisco como un gato». Y más que molestia por la ofensa, te ha sonado gastado o aburrido. Esto es culpa de lo que se conoce en estilo como lugares comunes.Los lugares comunes, en el estilo literario, ocupan un deshonroso puesto entre la frase hecha y la metáfora. Alguien inventa una agrupación de palabras nuevecita, suena bien, gusta al oído y a la vista. Pero comienza a usarse, y a usarse, y a usarse, hasta que pierde impacto y fuerza de imagen. Es lo que le debió ocurrir en algún momento a «arrancar aplausos» y «batir palmas»: en algún momento debió dejar una potente huella acústica en nuestro cerebro, pero ahora pasa por él sin pena ni gloria.El caso es que un buen escritor se inventa algo como «encogerse de hombros». Por algún motivo gusta, se acepta y se repite «hasta la extenuación». Pero llega un momento en que se atrofia, se agota, y se vuelve estéril; nos aburre. A todos y cada uno de nosotros, seamos una «bella joven» o no. Digamos que ya no podemos leerla sin que «reine la perplejidad en nuestro rostro». No conviene «mirar ojiplático» este tema por mucho que nos asombre. Y mucho menos, naufragar en su «mar de confusiones». Sin ánimo de ofender, esto tampoco debería «provocar discusiones» ni liberar «lágrimas amargas».Lo mejor es que obviemos el «sordo rumor» que generan estas frases y nos libremos de la «pasión febril» por utilizarlas. Solo así llegaremos a «abrir el corazón» para que salgan de nuestro cuerpo todas estas palabras tan deslustradas, que nos hacen «ruborizarnos y palidecer»: los lugares comunes.

Lugares comunes y la boca

Pero antes de que lleguemos a «tener el corazón lleno de emociones», debemos hablar del mayor grupo de lugares comunes en la literatura. Y, curiosamente, muchos de ellos están relacionados con las descripciones de nuestro cuerpo (y nuestro rostro, en particular). Veamos algunas partes de nuestra anatomía que son recurrentes a la hora de ofrecer la descripción literaria de una persona.La boca, ay, querida abertura anterior del tubo digestivo. Cómo haríamos hablar a nuestros personajes sin ella. Quizás sea esto lo que hace que en ella quepan multitud de lugares comunes. Van desde la forma de sonreír a la forma de hablar pasando por multitud de acciones. Por ejemplo: es fácil que alguien acabe por «enjugarse la boca» después de una provechosa comida. Tan fácil como «sonreír siniestramente» cuando el antagonista está a punto de caer en la trampa o «reír a mandíbula batiente» cuando en la taberna regentada por nuestro enano favorito hay noche de monólogos. Tampoco estaría mal que dejásemos de susurrar con «un hilo de voz». Y que reservásemos los «besos callados» para las baladas. Por no hablar del horripilante espanto que puede producir cualquiera de estas metáforas: «boca de fresa», «hablar con voz quebrada», «risa de hiena», «reír como loco», «sonrisa falsa», «la curva de la sonrisa», «cuello de cisne» (si somos generosos con este último y metemos el cuello en este grupo, claro)…

Más lugares comunes del rostro

Los ojos y la mirada —y las lágrimas, cómo no— tampoco escapan a esta plaga de los lugares comunes. Los enamorados se miran con «limpia mirada»; y «mirar con timidez» puede conquistar a alguien y uno solo se emociona de verdad cuando tiene los «ojos vidriosos». El llanto parece que debe ser un «lastimoso llanto» o «llanto quejumbroso» para que sea tenido en cuenta. Y tampoco vale eso de «llorar a moco tendido». Pero en realidad no es que lloremos, es que «las lágrimas acuden a los ojos».La frente también ha sufrido auténticos atropellos en lo que a lugares comunes se refiere. Por ejemplo: el artificiero no cortará el cable correcto de la bomba si no tiene «la frente perlada de sudor». El detective jamás encontrará al asesino si mientras cavila no se esfuerza en «fruncir el ceño». Y en general nadie muestra desacuerdo si no «arruga la frente».Y del cuerpo, en general, hay decenas de lugares comunes. Sobre todo, si buscamos en el ámbito erótico o sexual, ¡placeres culpables! A saber: «pechos turgentes», «suaves caricias», «vientre plano», «torso esculpido», «pasión ardiente», «desbordado de placer», «potente erección», «embestida animal», «intenso orgasmo»… ¡No vale «torcer el gesto» de esa forma, tú también los has usado alguna vez, seguro!

Los lugares comunes, el tiempo y el clima

Y ahora que ha subido la temperatura… ¿Soy yo o hace aquí un «calor sofocante»? Otro grupo de lugares comunes muy frecuente es aquel que está relacionado con fenómenos atmosféricos. Estamos acostumbrados a leer una y otra vez la «densa niebla», la «espesa niebla», la «niebla impenetrable», etc. Por no hablar de las «torrenciales lluvias» o los «vientos huracanados». Ahora que se acerca el verano, os advierto: ¡cuidado con ese «sol de justicia»!

La cansina estructura de los lugares comunes

Una vez vistos todos estos ejemplos, no hay que pararse a pensar mucho para entender algo: los lugares comunes suenan tan mediocres porque se asientan sobre una estructura muy repetitiva. Y demuestran cierta tendencia hacia tres fórmulas (que en realidad son dos): sustantivo + adjetivo, adjetivo + sustantivo y adjetivo + «como» + sustantivo. De los dos primeros hay patadas en las líneas que acabas de leer. Sin embargo, de la última estructura (comparativa), no han aparecido demasiados, así que dejamos por aquí algunos más: «frío como el hielo», «preciso como un francotirador», «veloz como el rayo», «blando como la lana», «oscuro como la noche», «brillante como el metal»…¿Hay forma de combatir a estos lugares comunes? Deberías empezar por vigilar estas estructuras, porque, como ves, es donde mejor nido suelen hacer. ¿Y cómo se pueden superar? ¡Es muy fácil, la mayoría de estos lugares comunes son metáforas! ¡Tendrás que ponerle ingenio, creatividad y horas de lectura! Eso sí, cuidado con el exceso de originalidad: «verde como el vómito de un vegano» puede resultar tan poco efectivo como «verde como una pradera». ¡Ponle ganas y no «aburras hasta a las ovejas»!

Antonio Vileya

Antonio M. Vileya Pérez (Sevilla, 1992) es filólogo hispánico y presta servicios editoriales a entidades de diversa naturaleza. Su vocación divulgadora lo ha llevado a formar parte del comité organizador del Encuentro de Literatura Fantástica de Dos Hermanas y ser miembro activo de la asociación cultural Bibliofórum. Ha impartido cursos monográficos sobre fantasía, ciencia ficción, terror y novela negra en la Universidad de Sevilla.

2 Comentarios

  1. Frank Davis Frias

    Excelente texto sobre lugares comunes.

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  2. Juan Santillan Retama

    Lugares comunes. No se si entren estos. » Cuidate mucho», » que Dios te Bendiga», » echale Ganas». A las del Gobierno: «ya no somos iguales», La 4a transformacion, etc etc.

    Responder

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