11/06/2020

Planificación de Malaz: Una visión de general

Planificación de Malaz

Seguro que muchos de vosotros estaréis muy seguros de que Malaz y la planificación son dos ideas tan íntimas como Stephen King y un chupito de Listerine o George R. R. Martin y un periódico que es todo esquelas. Y los que lo hagáis tendréis razón. Hoy, precisamente, hablaremos de la planificación de Malaz.

¿Pero sabéis qué? Los que no lo hagáis, también.

No nos engañemos, ¿pensabais que con un o un no iba a quedar respondido algo relacionado con Malaz? Claro, claro. Y Neil Gaiman adora escribir los finales de sus historias.

Venga, no me distraigas, que ya veo por dónde vas.

Ahora, antes de empezar, voy a explicaros lo que vamos a hacer en estos próximos artículos. Hoy hablaremos de lo que NO planifican y de un ejemplo que ilustra cómo eso afecta a la historia. El mes que viene daremos un triple salto mortal y hablaremos de la estructura de la saga de Erikson, y el siguiente cerraremos este tema hablando de la planificación que hay detrás de Malaz.

¿Por qué complicarnos así para hablar de la planificación de Malaz?

Tendría su punto que fuera por no haber planificado los artículos, ¿verdad? Pero no, todos tranquilos. Existe, al menos, un mínimo de lógica interna en todo esto.

Hay dos razones de fondo:

  1. Hace falta, sí o sí, un artículo exclusivo para hablar de la planificación y otro de la “no planificación”.
  2. Para poder hablar de cuánto planifica el majérrimo de Erikson, es imprescindible haber hablado previamente de la organización de la saga.
  3. Sé que he dicho que eran dos razones, pero es que además así podemos simular las consecuencias de una mala planificación, teniendo que introducir a la fuerza algo intermedio que el escritor necesitaba y no había contado antes. ¿No es maravilloso?

Venga, al turrón.

Malaz y la planificación: se conocen, pero no se tocan ni con wifi

Como veremos en dos meses (inserte risa malvada), y de manera muy resumida, todos los grandes eventos están claros desde mucho antes de empezar. Partiendo de esta base, surge la siguiente pregunta, ¿dónde y cómo queda la relación entre Malaz y la planificación entre esos eventos? Pues aquí la cosa se complica.

Planificación de MalazEn una entrevista en el número 6 de la revista Windumanoth, Steven Erikson confesaba que no todo lo que nos cuenta en sus libros estaba pensado previamente. No finjas sorpresa. Si los has leído seguro que estás pensando en unas cuantas tramas que… dejémoslo en que podrían no estar. Y, ojo, esas tramas “prescindibles” en las que piensas no tienen por qué coincidir con las que yo considere.

Ahora estarás pensando que esta falta de planificación en esas subtramas explica las 1000 páginas, ¿no? De eso hablaremos el mes que viene (ay, qué duro es planificar una falta de planificación). Porque la respuesta vuelve a ser la misma. Sí. No. Las dos. Ninguna.

Como os decía, en dicha entrevista, Erikson reconocía que, aunque conoce todos los desenlaces, por en medio se deja libertad para la espontaneidad.

Espera, ¿me estás diciendo que este tío que escribió una saga que tiende a infinito se permitió el lujo de improvisar?

Pues sí, amigo. Pues sí.

Planificación de Malaz: las tramas secundarias

El problema viene cuando has planificado todos los grandes hitos, tienes claro quién tiene que llegar a ellos, en qué condiciones y cuándo… pero necesitas que la trama se desarrolle, por lo que introduces las tramas secundarias. Y, si tienes suerte y las eliges bien, no hay problemas, todo correcto. ¿Pero y si esa espontaneidad no funciona?

Voy a poner como ejemplo un caso de un libro que no tiene grises entre el fandom, o te encanta o te deja muy, muy frío. Sí, estoy hablando de Doblan por los mastines.

Hay gente que adora las tramas secundarias de ese libro. Y hay otros que las aborrecemos. Lo que viene a continuación es mi opinión personal al respecto, claro. Por razones evidentes, no le he podido preguntar al bueno de Steven por sus intenciones originales.

Planificación de Malaz: Doblan por los mastines. ¿Fallos en la brújula?

El evento final es apoteósico, sí. Pero requiere la presencia de determinados personajes y la sucesión de unos eventos intermedios concretos. Y aquí hay varios puntos a tener en cuenta.

  1. La preparación del gran evento, por sí sola, no es capaz de llenar el tiempo que él mismo necesita para desarrollarse; por tanto, las acciones deben espaciarse.
  2. Si esas acciones se separan, en medio hay que poner más cosas. Vale, pongamos tramas secundarias, para eso están.
  3. Bueno, pues el problema es que, en este libro en concreto, se acumulan una serie de personajes que no tienen (siempre a la espera de lo que pase en el último libro, claro) una relación directa con la trama principal. Sus tramas no son muchas veces ni siquiera tangenciales con esta. La mayoría son, directamente, paralelas. Estos personajes se acumulan porque vienen de libros pasados. Así que Erikson dice: ¡empleémoslos!

Vale, hasta aquí todo en orden. ¿Cuál es el problema? Que no le cuadraba lo que tenía con lo que necesitaba. Pongamos como ejemplo paradigmático al niño. Hay un pequeñín que, cronológicamente, no puede tener más de dos años, pero que tiene seis. ¿Por qué?

Y esta es mi interpretación (hasta lo que sé, no hay explicaciones oficiales). Erikson improvisó “un poco” las tramas secundarias. Y decidió que este niño hiciera X en su arco.

Aquí hay dos posibilidades:

  1. Se dio cuenta de que el niño tenía que tener dos años, pero necesitaba que tuviera seis, así que le cambió la edad, porque patatas.
  2. No se dio cuenta hasta que no era demasiado tarde de que la edad del niño era incoherente.

Pero, ojo, cualquiera de las dos es igual de mala.

¿Qué conclusión sacamos? ¿Tan grave es esto? ¿Tanto fallan como matrimonio Malaz y la planificación?

Pues aquí entran ya las tragaderas de cada uno. Además, puede que supiera lo que estaba haciendo. Pero en ese caso el error de planificación viene al no haber previsto desde el principio que ese niño tenía que tener seis años, no dos. Volvemos a las mismas.

Un escritor debería controlar estos aspectos.

Hay mucha gente a la que esas tramas secundarias espontáneas les han encandilado (tan solo he planteado el ejemplo más flagrante, pero hay más). Hay gente que le “perdona” la patada a su propia cronología. ¿Por qué? Porque es ERIKSON, así, gritando y poniéndonos intensitos.

Pero, por fortuna o desgracia, yo no lo soy, y seguramente tú tampoco lo seas.

Si lo eres, ya te pasaré mi contacto y hablamos.

Como conclusión, recordad, amigos. Es vital planificar. Como mínimo, los eventos principales, sí, pero no solo estos. Si uno no sabe a dónde quiere llegar, puede que llegue, pero lo hará de casualidad. Si uno no conoce la ruta, pero sí el destino, puede que llegue, pero se perderá por el camino.

Y, ojo cuidao. Los personajes, deben planificarse también. De cabo a rabo. Jordi Noguera nos lo contó hace bien poco, además. Si no los planificamos…, pues organizamos el lío del niño de los 2/6 años, que deja en nada el del color de pelo de la novia de Elric de Melniboné.

Así que, eso, ya vale por hoy, ¿no? Esto se acaba.

El capitán del barco de guerra malazano tampoco planificó bien el viaje. Debe volver a puerto y reabastecerse para la travesía.

Próxima parada: la estructura de El Libro de los Caídos.

Nos vemos por allí.

¡No te olvides de traer cerveza!

Alejandro Marín
Acerca del autor:

Alejandro Marín (Zaragoza, 1992), es ingeniero de caminos, canales y puertos por la Universidad Politécnica de Madrid y, cuando la vida le deja, aporrea el teclado. No sabe muy bien cómo lo ha hecho, pero ha conseguido que alguien le lea de vez en cuando. Lleva más tiempo del que le gustaría reconocer peleándose con su primera novela. Su mayor logro en la vida ha sido conseguir que durante un mes seguido no se le muera ningún pez del acuario. Actualmente, compagina su trabajo como ingeniero y formador con la escritura.

info@cajadeletras.es
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