02/07/2020

Cuando Harry Potter se convirtió en marca literaria

marca literaria

Como escritor soy consciente de que cuesta entender que tus personajes, un día, se conviertan en una marca literaria.

La mayoría de nosotros no escribe con la mirada puesta en el dinero. Quizá esa sea una de las razones por las que seguimos siendo pobres como ratas.

Pero también hay quienes no lo hacen. Que se lo pregunten a J.K.Rowling o George R.R.Martin.

Puede que sea complicado entender la razón por la cual un título o unos personajes determinados pueden acabar constituyendo, por sí mismos, una marca literaria al margen de la obra para la que fueron creados.

Pero el mundo funciona con otros criterios diferentes a los que nosotros tenemos en la cabeza. Ahí está Rodolfo Chiquilicuatre como ejemplo para tirar por tierra cualquier estudio científico.

En este artículo voy a tratar de explicarte las diferencias que existen entre la propiedad intelectual y la industrial.

También hablaré de las razones que hay para pensar que son compatibles e incluso complementarias.

Vaya por delante que son distintas y que, por lo tanto, tienen regulaciones diferentes.

Empecemos por el principio.

¿Qué es la propiedad industrial y qué tiene que ver con la marca literaria?

Según la Oficina Española de Patentes y Marcas https://www.oepm.es/es/index.html

Propiedad Industrial se refiere a aquella propiedad especial que protege todo lo relacionado con la industria patentes, modelos de utilidad, signos distintivos y diseños.

Como ves, se trata de un concepto amplio y muy enfocado a la actividad industrial y mercantil.

La Oficina se encarga de proteger la propiedad industrial. Mientras que, de la Propiedad Intelectual, de la que ya hemos hablado en otras ocasiones, se encarga el Registro de la Propiedad Intelectual.

¿Qué leyes regulan la propiedad industrial?

Son distintas. Vamos con ellas:

  • Ley 24/2015 de Patentes
  • Ley 17/2001 de Marcas
  • Ley 20/2003 de Protección jurídica del diseño industrial
  • Ley 11/1988 de Protección jurídica de Topografía de Productos semiconductores.

Algo que comparten Propiedad Industrial e Intelectual es la posibilidad que le conceden a su titular de decidir quién y cómo puede usarlas.

La marca está asociada a un valor económico. Entronca, en este caso, con el apartado patrimonial de la propiedad intelectual.

Esta es una de las razones, no la única, que permite que ambas puedan “compartirse” o pervivir al mismo tiempo en una misma cosa.

Por ejemplo, un personaje, el título de una obra o ambos.

Que generen valor aparte del contenido global de la obra en su conjunto.

Si nos fijamos un momento en los títulos, hace unos días fui testigo de una serie de dudas en una red social al respecto de la pertinencia o no de que un mismo título pueda compartirse.

Lo cierto es que no hay ningún artículo, ningún texto legal, que impida que esto pueda producirse. No hay un precepto que indique que es ilegal. Pero no parece conveniente. ¿No?

¿Cómo lo podemos solucionar?

A través del registro de este como Marca.

¿Por qué?

  1. Porque te permite una titularidad de diez años sobre el título.
  2. Nadie más podrá usarlo en ese tiempo.
  3. Podrás ejercitar acciones legales para su protección.
  4. Nadie podrá requerir un dominio web con ese nombre o un perfil en redes sociales. Y esto es importante desde el punto de vista del marketing.
  5. Y, por seguir con lo dicho en el punto anterior, para cuestiones relacionadas con la comercialización de ciertos aspectos de la obra que veremos más adelante.

Al mezclar marcas con literatura, supongo que estarás algo confuso.

Te lo voy a poner más fácil. Vayamos al mundo del deporte por un instante.

Piensa en Michael Jordan. Jugaba para la franquicia NBA de los Chicago Bulls.

El jugador llegó a tener una marca más poderosa incluso, que la entidad para la que jugaba. Sus derechos de imagen, su marca, le proporcionaba mayores ganancias que su sueldo por la actividad que ejercía: jugar al baloncesto.

El cómic y el cine

De igual forma, en la actualidad, el cine o las series, contenido audiovisual muy ligado a la literatura y por tanto a la propiedad intelectual, actúan de una forma muy parecida al ejemplo anterior.

Puedo enumerar una infinidad de marcas que han superado la obra en la que se dieron a conocer.

Más allá de las famosas Disney, WB, Marvel, DC, puedo comentar personajes como Batman, Superman o Lobezno, que han generado innumerables beneficios a sus creadores, alejados de los derechos por la venta de entradas o cómics, novelas gráficas y demás.

Me refiero, como sin duda ya habrás imaginado, a derechos basados en el merchandising o el licencing.

Harry Potter convertido en Rey Midas

He mencionado algunos ejemplos antes. Pero también los encontramos en personajes mucho más recientes y ligados a la literatura que más reconocemos.

Harry Potter se ha convertido en una marca propia más allá de la saga de libros que le vio nacer.

Camisetas, varitas, tazas, funkos (muñecos que reproducen, en distintos momentos, las características físicas del personaje) generan unos beneficios económicos que motivan el crecimiento del valor de su marca.

Cualquier cosa que se fabrique y quede sellada con su nombre (marca) aumentará el precio del objeto simplemente por ese hecho.

Por eso, la protección de su uso está sujeto a las licencias que el dueño de la misma puede conceder para distintos territorios.

Asociación de una marca literaria

Otra de las curiosidades que se dan en este caso es la de la asociación de marcas para incrementar la influencia y llegada a público de estas.

Una especie de simbiosis de la que ambas salen beneficiadas en reputación e impacto.

Es muy claro el caso del famoso 007, James Bond. El desfile de marcas que se pasea por sus películas es innumerable.  Desde BMW a Omega. Pasando por el famoso Aston Martin DB5.

O Misión Imposible y las famosas gafas de sol Ray Ban que utilizaba Tom Cruise en Protocolo Fantasma.

El actor debió cogerle el tranquillo a estas acciones desde que era joven. Ya lo hizo en otras ocasiones como Risky Business o Top Gun.

¿Y qué decir de Matrix?

Las famosas Oakley Romeo que todos, alguna vez, hemos querido llevar puestas.

El efecto multiplicador del valor de las marcas en asociación es casi tan “súper contagiador” como el paciente asintomático portador de la COVID-19.

Y si a esto le sumamos el gran poder de llegada al público del cine, los videojuegos o las series, el crecimiento exponencial solo tiene un límite: la capacidad de gasto del consumidor.

Y no he hablado de Star Wars. Que esto tendría para un artículo, incluso un ensayo, propio.

El ser humano tiene interés por conseguir identidad.

Lo podemos observar en los niños. Todos quieren parecerse a Iron Man, Thor, Elsa o Hermione Granger.

¾Wingardium leviosa

No son los únicos ejemplos.

En el año 2018, la editorial Oxford University Press, siguió la línea inversa para promocionar una de sus obras. https://www.marketingnews.es/marcas/noticia/1117616054305/editorial-convierte-personaje-literario-youtuber-real-animar-lectura.1.html

En concreto fue con “Luna y los incorpóreos” de Ana Alonso.

Construyó una marca al dar “vida” a uno de los personajes de la novela, “Yago”, en la figura del youtuber NoBody18, un incorpóreo.

La campaña de marketing fue un éxito.

Una de las preguntas que se me vienen a la cabeza es:

Y cuando la novela pase a dominio público ¿Qué ocurre con sus personajes? ¿Con su marca literaria?

En realidad, va por los plazos de la Ley de Marcas pero seguro que podríamos abrir un debate.

¿Verdad?

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Acerca del autor:

J.C.Sánchez, Madrid 1976. Se licenció en derecho en la Universidad de Castilla la Mancha. Master en Derecho del Deporte por ISDE. Actualmente es doctorando en Propiedad intelectual y Derecho de Autor en la Universidad de Alcalá de Henares. Participó en el programa de radio Dale que Truene, con una sección en la que recomendaba de libros. Dirigió y presentó, durante tres temporadas, su propio programa cultural “Librópolis”.

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